“Después de un largo trecho…”

16oDespués de un largo trecho, me encuentro en un compartimiento de tercera clase donde hay otros viajeros que distingo mal. A punto de dormirme observo que las sacudidas regulares del vagón escanden una palabra, siempre la misma, que suena aproximadamente como Adéphaude . El adéphaude, es una piedra preciosa amarilla que veo apoyada en el portamaletas junto a un paquete muy mal hecho, envuelto en arpillera, sobre el que una etiqueta del ferrocarril lleva esta inscripción: Rodas 1415, lo cual es un error, de eso estoy convencido. Me resulta imposible recordar la batalla en cuestión, a pesar de que interrogo, uno después de otro, todos los portamaletas a bordo de este interminable pantanal que atravieso con el aspecto de un vagabundo. He llegado a un compartimiento de segunda clase. Constato en mi fuero íntimo, sardónicamente, que hay ahora dos paquetes en el portamaletas, y que llevan la mención: Rodas sin fecha. En ese momento, descubro en el rincón opuesto, a una joven dama hablándole agitadamente a un compañero, en principio invisible, que podría ser yo mismo o algún otro lejano antepasado de una cierta dama Carnegie, que pienso haber conocido durante mi infancia. La joven dama se encuentra vestida con gran elegancia. No llego más que a captar algunas palabras de la conversación: «A falta de laca…»Se trata evidentemente de paquetes que en efecto tienen un aspecto extraordinariamente desgastado. Giro mis ojos hacia el interlocutor de la dama y me doy cuenta de que está cubierto con una armadura que lo oculta completamente. Me levanto indignado. A mis pies se encuentran los restos de una colación fría. La dama se seca las manos con un pañuelo de encaje. Estamos en medio del campo, cerca de una pendiente. Es el atardecer en la batalla de Marignan.