Encuesta sobre el amor

2AencbajaSi una idea parece haber escapado hasta hoy a todo empeño reduccionista, y, lejos de caer vencida a sus furores, ha enfrentado a los más grandes pesimistas, esta es la idea delamor , única capaz de reconciliar a todo ser, momentáneamente o no, con la idea de la vida .

Esta palabra: el amor , a la que bromistas de mal gusto se han empeñado en hacerla sufrir todas las generalizaciones, todas las corrupciones posibles (amor filial, amor divino, amor a la patria, etc.), es ocioso aclarar que aquí nosotros la restituimos en su sentido estricto y amenazador de adhesión total al ser humano, basado en el reconocimiento imperioso de la verdad, de nuestra verdad «en un alma y un cuerpo», el alma y el cuerpo de este ser. Se trata, en esta prosecución de la verdad que se encuentra en la base de toda actividad genuina, del brusco abandono de un sistema de investigaciones más o menos pacientes en favor y provecho de una evidencia que nuestros trabajos no hubiesen revelado y que, bajo una experiencia semejante, misteriosamente, un día se hubiese encarnado. Que lo que decimos ojalá sirva para disuadir de respondernos a los especialistas del «placer», los coleccionistas de aventuras, los exuberantes de voluptuosidad, por poco que se vean llevados a disimular líricamente sus manías, tanto como los depreciadores y «curanderos» del supuesto amor-delirio y los perpetuos enamorados imaginarios.

De los otros, de los que tienen verdadera conciencia del drama del amor (no en el sentido puerilmente doloroso, sino en el sentido patético de la palabra), es de quienes esperamos una respuesta a estas preguntas de nuestra encuesta:

I . ¿Qué suerte de esperanza pone usted en el amor?

II. ¿Cómo considera usted el pasaje de la idea del amor alhecho de amar ? ¿Haría al amor, voluntariamente o no, el sacrificio de su libertad? ¿Lo hizo ya? ¿Le haría el sacrificio de una causa que hasta ahora se ha creído en la obligación de defender, si, a su juicio, fuese necesario para no desmerecer del amor? ¿Consentiría en ello? ¿Aceptaría dejar de ser el que hubiese podido ser, si a este precio consiguiera la plena certidumbre de amar? ¿Cómo juzgaría a un hombre que llegase a traicionar sus convicciones para complacer a la mujer que ama? ¿Una semejante prueba de amor puede ser solicitada, concedida?

III. ¿Se concedería el derecho de privarse por algún tiempo de la presencia del ser que ama sabiendo hasta qué punto la ausencia exalta el amor, pero reconociendo asim ismo la mediocridad de un cálculo semejante?

IV. ¿Cree en la victoria del amor admirable sobre la vida sórdida o de la vida sórdida sobre el amor admirable?

L’Action Française , 10 de octubre

Se nos pregunta qué pensamos de «la idea del amor, única capaz de reconciliar a todo ser, momentáneamente o no ( sic ) con la idea de la vida». Pero, queridos muchachos, ¡nosotros no pensamos nada de eso, por la sencilla razón de que jamás hemos coincidido con esas ideologías!

Nos contentamos con vivir, para que sepan, y con amar… y tal es el paño de que estamos hechos que, muy confundidos nos encontraríamos, si tuviésemos que separar el dibujo de la trama… Para decirlo mejor, sentados en una rama, de ninguna manera experimentaríamos la necesidad de reconciliarnos con la idea de esa rama. La serrucharíamos, sin que una tontería semejante turbase, por otra parte, las santas Ideas.

L’Intransigeant ( Roger Vitrac ):

… Creo en la victoria de la vida admirable sobre el amor sórdido. ¡Oh! ¡perdón!

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¡Stendhal! ¡tu rama de pino!

Paris-Midi ( Nöel Sabord ), 14 de octubre

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¡Y bien! No, señores, cualquiera sea el sentido que ustedes den al amor, no pongo en él suerte alguna de esperanza. Es el más seductor de los sebos y el más tramposo, y dudo incluso que, bajo un signo semejante, podamos confiarnos en una finalidad cualquiera, por vaga que esta sea.

Pero terminaremos por saberlo todo.

Mientras tanto, es necesario sufrirlo todo, incluso el amor. Pasaré por lo tanto, como siempre ha hecho todo el mundo, sin saber ni el por qué ni el cómo, de la idea del amor al hecho de amar. No soy más astuto que los demás, ni ustedes tampoco. Haría por amor todos los sacrificios, inclusive el de mi libertad. Inclusive el de la más hermosa causa. Y sé que lo haría con alegría, como ustedes, como el primero que llegase.

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Comœdia , 9 de octubre:

La Revolución Surrealista abre una encuesta y trata sobre «la idea del amor, única capaz de reconciliar a todo ser, momentáneamente o no, con la idea de la vida». El cuestionario, publicado más adelante, testimonia la experiencia profunda, incisiva y a veces insidiosa del encuestador; sea lo que sea que se piense, si este último llegase a conseguir respuestas sinceras , las únicas que podrían contar, el conjunto de esta encuesta podría formar, como consecuencia, un libro de los más sugestivos que tal vez arrojase nuevas luces sobre este tema.

L’Eclaireur de l’Est ( Andhrée Huguier ), 5 de nov.:

¡Nuestro siglo no es el del amor sin miramientos, sino del amor grosero!

Y por lo tanto, la encuesta de La Revolución Surrealistarepresenta una enorme falta de actualidad. El amor «admirable» que opone a los amores de pacotilla, es actualmente una especie de curiosidad histórica, un motivo poético, un tema para la vitrina o el museo.

Y el mundo muere por la muerte de este amor. El mundo muere cuando pone en un mismo plano el amor, el abrigo de pieles, la calefacción central y el automóvil.

La respuesta a la primera pregunta de La Revolución Surrealista , entonces, es muy fácil de deducir: es necesario depositar en el amor una esperanza de salvación.

«El amor implica el desenvolvimiento del que ama». Tratar de limitar la actividad de quien nos ama, es hacer del amor una prisión. Es alimentar fermentos de disgusto y resentimiento y, en consecuencia, ponerlo en peligro.

Y la prueba de amor que consiste en «traicionar sus convicciones para complacer a la mujer que se ama» puede ser obtenida, pero jamás debe ser solicitada. Es una prueba de amor peligrosa, alrededor de la cual se cristalizarían los malentendidos. Sería un falso cálculo que partiese de un corazón mal enamorado.

En cuanto al «derecho de privarse por algún tiempo de la presencia del ser que se ama sabiendo hasta qué punto la ausencia exalta el amor», va sin respuesta, para no saltear el número tres de la encuesta, ya que es una broma, y de bastante mal gusto. El verdadero amor no conoce esos pequeños cálculos usurarios.

Es por ello mismo que el verdadero amor, «el amor admirable» como dice La Revolución Surrealista , debe triunfar sobre «la vida sórdida». De esta victoria resultan, de tiempo en tiempo, esas parejas perfectas, esos amantes magníficos cuyos nombres y recuerdo encantan nuestros corazones y nuestras imaginaciones. Alrededor de esas luminosas excepciones, bien que mal, la mayoría de los mortales se contenta, pensando que con todas sus deficiencias, sus confusiones, su frenesí, sus pequeñeces, sus mentiras, sus debilidades, sus tormentos, el amor es lo mejor que se tiene para consolarnos en esta vida.

L’Espirit Français ( Francis de Miomandre ), 1º de nov.:

De todos los movimientos literarios que se han sucedido desde mi adolescencia, ciertamente es el surrealismo el que más me ha interesado. Decirles por qué, sería largo, sobre todo porque permanece en este sentimiento una parte muy poderosa del inconsciente. De ningún modo nos gusta examinar lo que nos toca más al corazón. Pero lo que sé bien es que casi nunca he experimentado una alegría espiritual más perfecta, más irreflexiva, más profunda, que cuando por ejemplo leo los poemas que el Sr. André Breton ha publicado, hace algún tiempo, bajo el título de Pez soluble . Había en ellos, como en casi todo lo que hacen estos jóvenes: Aragon, Desnos, Eluard, Soupault, algo absolutamente nuevo, una tentativa desesperada de liberar a la poesía de todo lo que impide tomar vuelo, y de separarla para siempre de la moral y de la lógica. La imagen pura, tal como se presenta en el cerebro, cuando ninguna razón interfiere. ¡Libertad preciosa, planeando como en un vuelo! Es por eso que los surrealistas siempre se han mostrado tan curiosos de todos esos estados particulares en los que el espíritu funciona en el vacío, puramente para sí mismo, en un olvido total de las condiciones que le son impuestas habitualmente por las convenciones: por ejemplo, las del sueño… o la locura… o el amor.

Actualmente, precisamente, La Revolución Surrealista (que es el órgano de este movimiento) dirige a los escritores una especie de encuesta sobre el tema del amor. Se les pregunta lo que piensan, qué esperanzas ponen en él, cuáles sacrificios consentirían en hacerle, y si creen en su victoria sobre «la vida sórdida» de todos los días.

Por mi parte, admiro sincera y profundamente que se pueda plantear esta pregunta en una época como la nuestra, tan terriblemente comprometida con los intereses materiales ysórdida por este hecho mismo. Esto representa un gran coraje, el coraje de quien vuelve la espalda a la universal preocupación del dinero para mirar hacia otra parte. El amor, tal como lo consideran los surrealistas, el simple amor humano, no puede ser rechazado sino por una sola clase de hombres: los místicos. Y es necesario subrayarlo, en nombre de otro amor más elevado, más absoluto, más total, en una región en que se confunde completamente con aquello que los surrealistas estiman por encima de todo: la poesía. Salvo esta única excepción (que es muy rara) el amor humano, con todos sus errores, sus locuras, sus crímenes, permanece sin embargo como algo incomparablemente más noble y más hermoso que el resto de las preocupaciones humanas, por nobles que se consideren. Y es allí, también, que los surrealistas aciertan, al insistir sobre el lado «amenazante» y peligroso del amor. Allí también ellos se encuentran en su propio elemento. Porque, para los surrealistas, el amor es como su hermana la poesía, una «tentativa desesperada» de atrapar la verdad. Y es lo patético de esta situación a la que pretenden seguir siendo fieles, lo que los hace tan infinitamente distintos de los demás escritores, e infinitamente más interesantes.

Jules Rivet:

Si el hombre viviera normalmente, es decir en estado salvaje, sólo existiría la época de celo.

La época de celo es armoniosa.

Pero llegaron los poetas y los pintores, las gentes de mundo, los escultores, los guitarristas –toda la banda de enmierdadores– e inventaron esa cosa perfectamente ridícula: el Amor.

Ridícula en todas sus manifestaciones, incluidas las más corrientes: el madrigal y el balazo.

Jacques Baron:

Esto no me interesa. Ya tengo bastante con esos cuentos.

No quiero recibir nada de ustedes.

Clément Vautel:

Ustedes envuelven el amor con mucha literatura.

En realidad, el amor no es sino una deformación del instinto de reproducción. La naturaleza nos tiende el sebo del placer y, en el fondo, el deseo es puramente fisiológico. Digo «puramente», ya que no es puro sino lo que es natural.

Si se admiten estos presupuestos, las respuestas a sus un tanto complicadas preguntas, se vuelven fáciles de hacer.

No se sacrifica (no se debería) sacrificar una causa por una inclinación hacia un placer físico completamente egoísta.

No se renuncia (no se debería renunciar) a las posibilidades morales, intelectuales u otras, para embeberse de amor sentimental, no siendo considerado   el llamado amor sentimental sino como la hipocresía más o menos conciente del amor físico.

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A su tercera pregunta, respondo:

Lejos de los ojos, lejos del corazón… y del resto. Se es siempre imprudente.

A la cuarta:

¿El amor admirable? ¿La vida sórdida? Pero si el amor es admirable, la vida de los amantes no puede ser sórdida… Resulta inimitable como la de Antonio y Cleopatra. Pero les falta mucha imaginación.

Luc Durtain:

«¿El amor?» Abordar un ser por un ángulo novedoso.

II.………………………………………………………… Existen convicciones más femeninas que las mujeres. Existen mujeres más estériles que un sistema para gente «bien pensante».

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III. ¡Qué pregunta de enamorado! ¡Cómo envidio al que la plantea!

IV. Pregunta formulada por quien, en el «vivir», no sabe sino «amar». Aquí, compadezco al que la realiza.

Fernand Marc:

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No existe sino un único amor: el amor canalla, en el que pongo todas mis esperanzas y que bien merece una parcela de libertad.

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Blaise Cendrars:

Yo pongo una única esperanza en el amor: la esperanza de la desesperación. Todo lo demás es literatura.

Mambour:

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Y por otra parte, díganme con franqueza, ¿qué piensan ustedes de esa causa que se ha creído en la obligación de defender, y cuyo sacrificio no representa sino un pelo de coño?

¡Y la traición por el mismo precio!

Creo, mis queridos amigos, que es urgente llamar por su nombre, científico o vulgar, a la flor de la polla.

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Pierre Renaud:

………………………………………………………….Afirmo que, para los verdaderos amantes, el suicidio es el comienzo de un poema maravilloso.

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Jacques Delmont:

I. Como una llave, como la de un piso prohibido al espíritu.

II. Como un arco iris.

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III. Sí, tengo ese derecho. Tengo sobre todo el derecho de sufrir.

IV. Realmente, no hay allí un combate.

M. G.:

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Desmerecer del amor sería el único crimen, la única cobardía, todo lo demás es discutible.

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Fernand Divoire:

Creo:   «en la victoria del amor admirable sobre la vida sórdida».

Espero continuar siendo digno de una línea que he escrito:Eres aquella que después de la muerte mi alma no deseará abandonar.

Quien realice cálculos en el amor para crear una pequeña ausencia «exaltante» es un imbécil, o se dirige a una imbécil .

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Una anécdota: Un día, hace mucho tiempo, un joven periodista respondió a su director: «Permítame que me niegue a escribir ese artículo hostil contra el general Boulanger. No puedo escribir en contra de un hombre que ha puesto el amor por encima de todo».

Robert Dubois:

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Se ve que no considero el amor más que impregnado por un vendaval de lágrimas de una terrible y jubilosa dulzura, y que el pasaje al hecho de amar se realizaría con menos dificultades que las que oscuramente esperaríamos encontrar en él, inmediatamente después de su realización.

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¿Las admirables mediocridades del amor admirable?

Si el amor verdaderamente lo es, las razones del amor son las únicas que valen. Y aún en un recodo semejante, sopla el viento de la perdición, el viento portador de semillas.

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Paul Ackermann:

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Para el amor 100%, para «el amor de apego total», la pregunta de ustedes es completamente inútil. Sólo quien duda entre dos supuestos amores (el pomposo sujeto de toda tragedia o toda «noble» novela) puede hablar de sacrificarlos. Ahora bien, ¿qué significa una causa que se quiere defender, sino un amor del tipo amor a la patria?

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Es necesario soplar para avivar el fuego, cuando éste se extingue porque la chimenea ha dejado de tirar. Yo prefiero demoler la chimenea.

¡Qué importan la victoria o el fracaso, en un campo de batalla devastado!

Laurens Van Kuyk:

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Para mí el amor es una religión, es decir el amor surrealista que concentra y condensa todas las fuerzas del cuerpo y el alma: los instintos, los transportes del corazón y de los sentidos, los factores espirituales –en la unidad del amor. Es el amor, real y universal a un mismo tiempo, el que se realiza en el hecho de amar.

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Devoro a mi mujer: los fieles de las principales religiones se han comido a sus dioses. ¡Oh, dejemos para la vida sórdida que se coman a su dios en la hostia! ¡Triste pasatiempo! ¡Yo devoro la tierra, la hierba, los árboles; devoro las nubes, los vientos; devoro a mi mujer en todas las mujeres, devoro en todas las mujeres a mi mujer, a todo el universo en mi mujer!

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Robert Desnos:

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¿Qué es eso de la idea del amor ? Conozco el amor pero no la idea con este nombre. Sin duda carencia de cultura filosófica.

Y más aún, ¿en qué sentido emplean ustedes la expresión «enamorados imaginarios»? Podrían haber dicho enamorados de mala fe, lo que no quiere decir gran cosa; pero no deberían confundir el amor y la imaginación, dos términos inseparables. En cuanto a las preguntas mismas, ¿cómo responderlas? El valor del amor radica en su espontaneidad. ¿Se pueden discutir preguntas que no son sino del momento en que se plantea la existencia, que no es del todo sórdida y que considero admirable precisamente porque sin la vida y sin haber vivido (perfectamente, y mierda para todos aquellos a quienes esto les choca) no existe el amor? ¿No es en ese caso el amor imaginario? Los cálculos y todo lo demás, son una pura insignificancia, pertenecen a la mierda. Tanto en el amor como en otras cosas, nada se calcula.

En definitiva, amo, soporto, hago el amor. No lo discuto.

Con mis sinceros respetos para todos ustedes.

Roland Penrose:

I. Esperanzas inesperables…

II. Sólo con el descubrimiento del ser deseado y las relaciones supervisadas por la inteligencia.

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Un hombre no puede nunca negar sus propias convicciones morales, ni siquiera para ganar el amor.

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A.Blancaymes:

I. Ninguna. Frente al amor como frente a la muerte, el hombre (y la mujer) se encuentran solos consigo mismos, con el brillante polvillo entre los dedos, solos frente a su obra, brotada de su interior, de su carne, de sus nervios, de su memoria.

II. Pregunta ociosa.

III. Reflexión hecha, tal vez impugnaría mi primera respuesta, que vale sobre todo metafísicamente.

IV. Discúlpenme por revolver la mitología clásica. Sísifo, Tántalo, las Danaides, son las únicas figuraciones valederas en el amor.

Claude Estève:

El amor no cede ante nada, nos impulsa a las mayores audacias, a todo se atreve. No me parece que un espíritu libre pueda sufrir otras limitaciones que no sean sino aparentes y pasajeras. Remontando el curso de una persona, puede inclusive llegar hasta su fuente.

No debo provocarlo, debo seguirlo. Nada de cálculos allí donde es preciso un prodigio.

«¿Y si quisiera acostarme con alguien a quien detestase?», pregunta una muchacha. Sagrado y subversivo frente a todo lo que no fuese él mismo, ¿el amor se prohibiría el sacrilegio? El amor se doblega ante la irrupción de su propio genio, mucho más que ante los constreñimientos de la vida sórdida.

René Char:

No para esa gran persona trabajadora, con la que me he cruzado sin conocerla.

Roch Grey:

La «esperanza» del amor en estado latente, en visiones geométricas, castas u obscenas: dos sombras en un beso eterno, bajo un cielo azul, o dos cuerpos yaciendo en fusión completa e incomparable en el fondo de una alcoba –esperanza que no abandona al ser humano, sino hasta el momento de su descomposición por la enfermedad o por la muerte–, constituyendo un vehículo mágico cuya andadura no se detiene ni ante los peores desafíos.

El pasaje de «la idea del amor al hecho de amar», acompaña las cualidades individuales de un temperamento que se despierta, excitado ante la vista de una hermosa muchacha, o de unos perros dramáticamente abotonados en una vereda, o de los nombres de los poetas pronunciados en voz alta y con exaltación, y muchas veces por la simple e ingenua contemplación de sus propias piernas demasiado perfectas, o de sus labios demasiado rojos sobre un cepillo de dientes– y amas, amas anticipadamente, presa de una alegría dispuesta a exteriorizarse sin demoras, ¡no importa!, sea frente a un ángel o al ser más miserable que exista sobre la tierra.

Jamás un hombre con su genio sometido, doblegado bajo el peso del sacerdocio y la responsabilidad, se atrevería a sacrificarlo a ese juego convulsivo, irresistible, puramente físico que es el amor –con el terror de no encontrar la divina explicación final en el umbral de la eternidad, incrustada en un escudo de diamante, que ayudase a vencer al temible adversario –a cara o cruz–, recostado en una cama de plumas de cisne.

Quien «llegase a traicionar sus convicciones para complacer a una mujer», antes de tomar esa decisión, debería practicar el onanismo hasta la extinción completa de todo deseo y, veinticuatro horas después, acalambrado pero lúcido, expulsar a la imbécil que quisiera aceptar una ofrenda semejante.

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Louis de Gonzague Frick:

I. Pongo la esperanza de una Revolución de a dos, esperando que los demás lleguen para sumarse.

II. Entre la idea del amor y hecho de amar existe la psicología de los Imponderables. Mientras la libertad no exista más que en estado embrionario, voluntariamente le ofrecería mi sacrificio a lo Inefable.

Les digo que consentiría en este sacrificio. Todo –salvo la guerra– por la certeza de amar y ser amado.

Traicionar sus convicciones, no; disimularlas me parecería la mejor diplomacia: ¡Seamos delicados!

III. Opto por la ausencia, si no fuese muy larga.

IV. Desde la muerte del mariscal, creo en todas las victorias…

Valentin Penrose:

I. Ninguna esperanza: la constatación de una imperfección irremediable, según la vida, de siempre tener que distinguir entre el sujeto yo y el objeto tú, y en el amor especialmente.

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II. Algo así como una densificación de la idea precedente, según una vertical que descendiese hasta completarse en el mundo de los hechos. Aunque el punto de llegada estuviese más de acuerdo con nosotros que el punto de partida, ¿se puede estar verdaderamente felíz de una creación, es decir pese a todo de una caída?

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Traicionar sentimientos, sí; pero no ideas, puesto que me estaría convirtiendo en juez de quien me acusara de venir a menos. Al ser el amor una verdad, tiende a contener todo lo que para mí es verdadero. Entonces, no hay que solicitar traiciones o retractaciones.

III. Se trata de un juego insignificante. Jugar con una verdad personal es ciertamente mediocre.

IV. Mientras nuestro amor esté de acuerdo con la vida, calcado de acuerdo con sus exigencias, tan bien que a veces llegase a transmitirla, no veo por qué resultase victorioso. Uno sigue a la otra, simplemente.

E. Gengenbach o Jean Genbach:

Se trata de saber quién es Ella . Pese a mis fracasos sucesivos y a las humillantes y ridículas situaciones en que me he encontrado, pongo más que nunca toda mi esperanza en el amor, y no espero mi verdad sino de la revelación carnal y psíquica de un ser que es y no sabría ser sino una mujer .

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¿Pero quién es Ella? ¿Dónde está Ella?

Victor Servranckx:

I y II. El amor pertenece al dominio de la maravilla, la quimera, la mistificación; es decir que nos llega, que puede (no puede sino) llegarnos desde esa dirección donde, de un espacio a otro, desde lejos, nos solicitan las cinco o seis grandes manifestaciones humanas verdaderamente dignas (¿dignas de qué, de quién?) o aproximadamente admisibles.

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III. Tiemblo, me estremezco en cuerpo y alma, ante los pasos perdidos del amor pisoteado; la aceptación del amor íntegro es la representación más salvaje, más conmovedora del heroísmo. Es la gran cabalgata; un galope que se extingue es un galope que vuelve a empezar. ¿Cómo podría juzgar? ¿Yo, precisamente? Ante un pánico semejante, pálido e irreconocible, no puedo sino testimoniarle muy humildemente mis respetos.

IV. El amor tiende constantemente hacia su llama más fugitiva, más abstracta, más pura; aunque a veces pueda llegar hasta mí, todo me lleva a no creerlo, demasiado dolorosamente persuadido como me encuentro por la innata infamia de los hombres, bajo las presiones de esta vida perfectamente hecha a su medida.