La novela latinoamericana es un género falso?

2CHECbaja1 – ¿Este fenómeno ha contribuido a plasmar cierto número de mitos regeneradores, deseables? ¿O ha concluido por poner en circulación otros de acomodación social, –susceptibles de actuar a nivel de la vida de todos los días?

2 – ¿Es realista el “realismo” de la novela latinoamericana y –en general– el “realismo” en la literatura?

3 – ¿La adjetivación de la frase “novela latinoamericana” posee, a su juicio, alguna connotación especial?

4 – ¿Imagina otras vías de expresión fuera de las que aparecen manifiestamente en las “novelas latinoamericanas”?

1 – EN LAS COMISURAS FLOTANTES.

Puesto que estamos hablando de la “novela latinoamericana”, ¿no será coherente pensar que ésta vehiculizaría “mitos nacionalistas” Nuestro primer encuestado responde con una seguridad afirmativa impresionante.

ABELARDO RAMOS:

1º Creo, ante todo, que debemos a la novela latinoamericana un reconocimiento: ha creado la nacionalidad de la Patria Grande en la lengua del arte. Esto no ha podido impedirlo el sistema cultural nativo urdido por el poder imperial, triunfante hasta hoy en la esfera de la ensayística, del pensamiento político o de la sociología.

Rodolfo Fogwill, más cautelosamente, se limita a hacer una comparación; según la cual “aceptaría”, si alguien lo afirmase, que la novela latinoamericana posee un carácter favorable a la conservación social. En este sentido hace alusión a la incidencia de un pensamiento modelador, actuante sobre la novela latinoamericana, designado por él como europeo. – ¿Se trataría lo mismo de la “novela” de Sade como de la “novela” de Paul Claudel; de la “novela familiar” de Roland Barthes como de la “novela negra” de Maturin?

RODOLFO FOGWILL:

1º No ha servido para plasmar otros sino para reproducir en escala latinoamericana el mito del novelista y de la novela europeos. Sin embargo eso de que estén “destinados” supone una concepción teleológica que no comparto. Aceptaría que alguien afirmase que contribuye a la conservación social, yo no estaría de acuerdo con que una contribución o un debilitamiento de la conciencia social sólo pueden ser diagnosticados al cabo de algunas décadas.

Tratando de aclarar el “boom” y con la confianza que Enrique Medina tiene en sí mismo, sólo con estos riesgos podrá el lector irrumpir en la respuesta de este encuestado.
Los mitos puestos en circulación por la “novela latinoamericana” –aparentemente sin cuestionárselos– ¿serían de la capitalización de un “boom” que se dio como un “fenómeno natural” y por lo tanto “inobjetable”?

ENRIQUE MEDINA:

1º ¡Qué quilombo, la pregunta! ¿Entre cuántos la hicieron, la pregunta? Primero que nada habría que ver si en la literatura latinoamericana –ustedes se refieren concretamente al “boom”– hubo un plan y si esa literatura latinoamericana se propuso algo. Y en segundo lugar, hay que ver si la literatura en general tiene la obligación de enseñar o de proponer algo. Estoy en desacuerdo total con la pregunta en sí, porque es una posición exigente que no tiene nada que ver con la creación, con la actividad artística. La literatura es una de las tantas artes que ayuda en todo caso al creador y, con la mejor buena voluntad, a alguno de sus lectores. Recuerdo que desde Baudelaire, cuando se mofaba de esos críticos que aplicaban el término de enseñanza en la literatura –y entonces también ponía como ejemplo a Poe–, a partir de ahí yo creo que la literatura no tiene ninguna obligación de cumplir un rol de instrucción ni de moral. Hubo cierta literatura de tono a veces realista y a veces marcadamente ideológico que sí se ha intentado arrogar ese papel de hacer una literatura que tenga que representar algo, que tenga que explicar algo o que tenga que postular algo. Y yo no digo que estoy en desacuerdo, pero me parece que en el arte es muy embromado prejuzgar una actitud creadora. La actitud creadora tiene que ser de por sí libre de todas las ataduras y por lo tanto no puede proponerse algo. Esto lo podemos aplicar tranquilamente a una de las partes de la pregunta. La otra es con respecto a si esa literatura latinoamericana logró algo: Yo no creo que el “boom” se haya formado porque se juntaron cuatro o cinco tipos, como pueden ser Lezama Lima, García Márquez, Cortázar, Rulfo y otros más y hayan dicho: “Bueno señores, vamos a hacer la gran literatura latinoamericana a partir del día de hoy; firmamos un acta y vamos a maravillar al mundo”. No, eso es una torpeza tan grande que no la puede aceptar ni un chico. La literatura latinoamericana del “boom” se dio por esos fenómenos naturales en los cuales hay coincidencias y que no aparecen, digamos, por arte de magia –porque tampoco vino Dios y dijo: “¡Boom, se da el ‘boom’!”. No. El “boom” es una consecuencia de toda una gran literatura latinoamericana, de hermosa literatura latinoamericana, donde desgraciadamente muchísimos grandes autores quedaron afuera. El “boom” después se capitalizó más por una cuestión digamos “partidista”; publicitariamente, algunos nombres fueron más mencionados que otros y entonces el “boom” de pronto se constriñó y quizás con métodos valederos en pocos nombres, ¿no es cierto? Podemos resumir entre ellos al de García Márquez, que yo creo que es el punto más importante del “boom”, entonces me parece valedero que tenga la altura que tiene él porque su obra es inobjetable. Pero no debemos olvidar que toda esta gente tiene su primera parte en otros grandes escritores latinoamericanos hoy desgraciadamente olvidados, que podrían ser por ejemplo Jorge Casa, del Ecuador con “Huasipungo”; podríamos mencionar a Augusto Céspedes, de Bolivia, con “Metal del Diablo”; tendríamos que nombrar a Alegría con “El mundo es ancho y ajeno”; no tendríamos que olvidarnos de Eustacio Rivera, con “La vorágine”, un colombiano; tampoco tendríamos que olvidarnos de un autor casi totalmente marginado de los catálogos e incluso por los críticos que hacen la historia de la literatura latinoamericana, como es el costarricense Carlos Luis Fallas, un escritor extraordinario que tuvo dos novelas capitales que fueron “Mamita Yunay” y otra, realmente notable, “Gentes y gentecillas”, realmente muy poco conocido. Estos autores, por mencionar a algunos, junto con otro montón, entre los cuales por ejemplo en este momento me estoy acordando también de Rómulo Gallegos, ¿no? y no menciono a ninguno de los argentinos, ojo, ¿eh?; es decir por mencionar a algunos, son los que han dado esa base fundamental para que apareciera la literatura latinoamericana llamada del “boom”. No creo de ninguna manera que ellos se hayan propuesto nada. Sí hubo una coincidencia ideológica. Es natural que García Márquez tiene una posición de izquierda, Cortázar también, y bueno, a partir de eso cierta prensa los fue apuntalando más. Pero ellos no llegaron a tener el nombre que tienen por esa cosa periodística, sino por su calidad, porque son autores extraordinarios. Lo que quiero decir con todo esto y resumiendo la primer pregunta, estos autores tienen valor porque son extraordinarios y porque están ceñidos no sólo a la literatura latinoamericana sino a la literatura mundial. Todo lo otro se arma a posteriori. A posteriori se ve que Fulano esto, Fulano aquéllo y todo lo demás. Lo mismo en el caso de Borges, ¿no es cierto? Borges no estuvo metido en el asunto del “boom” por una cuestión ideológica, evidentemente. Pero Borges también forma parte en alguna medida de esos escritores de la época del ’60 que deslumbraron a todo el mundo. Borges también deslumbró a todo el mundo en esa misma época en que aparecían como renovadores García Márquez y todos los demás. Pero Borges no estaba incluído dentro de ese grupo por una cuestión ideológica, lo que no quiere decir que esté bien ni que esté mal, simplemente trato de aclarar el panorama.

A continuación el Sr. Rui Díaz lanza un violento “J’accuse” a las tesis fundamentales de la novelística latinoamericana. Estas se ven atacadas evidentemente por su flanco moral, juzgado en este caso como el más flaco e inaceptable. ¿Qué es lo que sucede cuando esto se produce desde otra posición, que se reclama de no pertenecer a las morales tradicionales y de ser, ella misma, plenamente moral?

LEONARDO RUI DÍAZ:

1º Al mito lo considero como patrón de conducta, digamos que el mito es el que conduce la actividad humana. A través del mito, el sujeto tiene un ejemplo de cómo conducirse con respecto del mundo “profano”. Debe realizarlo supeditándose a un proceso de iniciación.
Un ejemplo particular lo tenemos en el mito del cazador: Se dice que el cazador un día debe fabricar su propia lanza, su propia flecha, su propio arco. El mito dice después que cruzó por un mundo de gigantes, que mató a gigantes; que cruzó por un mundo de mujeres devoradoras y las mató; y que después cazó aquél cervatillo, aquélla ave que debía cazar, para su sustento o para el sustento de su prole. Entonces es un ejemplo de lo que debiera ser un sujeto.
En el caso particular de los mitos regionales latinoamericanos, éstos son mitos “abstractos”, a nivel de que no hay mitos que comprometan la actividad “profana” del sujeto. Aquí, en este caso particular, no hay mitos que digan al sujeto cómo deba comportarse respecto de su mantenimiento de vida. Son mitos que tienen que ver siempre con la religiosidad, al margen de la vida “profana”. Y entonces son mitos desconectados de la vida. En ellos el individuo tiene que cumplir con un ritual de respeto con la cosa sagrada, tiene que cumplir con un rito de agasajo, y nada más. No debe cumplir en su vida cotidiana con una reconstrucción del mito, no debe hacerse carne de su mito. Yo creo que por ahí en los pueblos “primitivos”, lo que primero es rescatable es eso: que el sujeto tiene que ponerle carne al mito y hacerlo de nuevo. Una vez que ha cumplido con este rito iniciático, este sujeto es hombre, es universal.
En la “novela latinoamericana” los mitos están alejados de la cosa de subsistencia, de la cosa del mundo “profano”; aquí se cumple con el asunto presentando respetos a través de un ritual y se acabó. El hombre no debe proseguir su actividad, su conducta, al igual que lo hace el héroe del mito; debe presentarse en el día de la fecha que le corresponde a tal o cual deidad, el tipo debe presentar sus respetos con el ritual, ponerle las florcitas con aguardiente y se acabó.
No contribuye en nada a su vida productiva, a su vida cultural –a su vida cultural por ahí le dedican poemas, pero son más que nada ofrendas de respeto, aquí el sujeto no tiene que remitirse a seguir el camino del héroe para confirmar la validez del mito.
2. LA CABALLERÍA ATACA A LA LUNA.

Para Medina, aparentemente, existió un realismo “ya superado” por otro realismo de característica “natural”; un realismo “marcadamente ideológico” –y, por lo tanto, “maniqueísta”–, junto a otro realismo que se trata de justificar como una propuesta artística “propia”, asumida “naturalmente” en los actos cotidianos de la vida, sin premeditación de ninguna clase. ¿Serían “LasTumbas” acaso una manifestación del inconsciente? ¿Se debe interpretar la posibilidad entrevista aquí –o no– de un “realismo por el placer”? ¿Hacia dónde apunta Medina? Veamos seguidamente:

ENRIQUE MEDINA:

2º Yo con el realismo tengo cierta aprehensión; con el realismo, digamos, de entre toda una literatura ya superada. En el caso mío, cuando algunos tratan de ubicarme como escritor, ahora últimamente me llaman “hiperrealista”, cosa que me causa mucha gracia. Yo no soy tipo de poner sello a los escritores porque me parece que a veces eso perjudica al escritor e incluso a la literatura que ciertos críticos quieren rescatar. Yo creo que poner el sello de “realista” a alguna literatura la ha perjudicado y que en todo caso aquellos escritores que quisieron, sí, premeditadamente hacer una literatura “realista”, no les ha ido muy bien. Porque esta literatura estaba llena de una ideología también muy marcada, muy maniquea; entonces esos libros que ellos escribían con la mejor buena intención, con una intención política muy manifiesta, donde los pobres eran buenos y los ricos eran malos, era una literatura que no dejó absolutamente nada y que en cuanto uno la leía se le caía de las manos. Entonces eso creo que ya está superado y que hay una literatura que podría ser en estos momentos “realista” pero que tampoco cumple ninguna función digamos docente, que ha superado aquellas propuestas iniciales de la vieja literatura “comprometida” –entre comillas– que arruinó a muchísimos grandes artistas, que por cierta necesidad o por cierta falta de seguridad en su propia propuesta artística se encaminaron a zonas de las que después no pudieron salir y vieron su obra arruinada. Insisto con lo que dije antes: el artista no tiene que embretarse en ninguna posición ideológica y mucho menos plantear de una manera abierta en su literatura (digamos para que el público se de cuenta) que tiene él una determinada posición, ya sea de derecha o de izquierda o de lo que fuera. Porque eso perjudica su obra. Es decir, que cada artista como cada ser de la vida normal y cotidiana tiene una posición ideológica asumida de manera natural, hay algunos que la manifiestan de manera muy frontal y otros que la manifiestan en sus actos cotidianos. Uno no puede escapar a eso porque es un ser humano con afectos y desafectos, entonces naturalmente tiene que estar a favor o en contra de algo. Yo creo que el artista no tiene necesidad de manifestar esa posición ideológica de manera frontal, porque desde su natural óptica de plantear una situación dada ya ahí se ve su propuesta. Una persona que está poniendo como protagonistas principales a personajes que no lo fueron en la literatura, digamos, por ejemplo, argentina, porque no tenían categoría o eran personajes quizás inferiores, ya en esa sola posición se ve una intención de reivindicación en todo caso por cierta extracción social que en la literatura argentina no ha tenido de pronto su gran espacio. Yo creo que tiene que hacerse esto de manera natural y no con una propuesta premeditada, porque eso yo creo que lleva a uno a hacer algo que depronto puede no conocer, puede desconocer, y ahí hay grandes errores. En la literatura argentina hubo infinidad de escritores que se metieron en esto y después quedaron ahí atrapados y no pudieron salir.

Sabemos que siempre se distingue el lado “oscuro” del lado “claro” –del que se dice, en el caso de nuestro satélite la Luna, que es el lado “visible”. ¡Como si algún otro pudiera ser “invisible” o, siquiera ya, “no visible”! ¿Llegará a verse la Luna como lo que realmente es, es decir, llegará a verse en su totalidad? Y entonces, ¿por qué Abelardo Ramos debería aceptar de manera provisoria un “irracional” artístico, pero solamente con miras hacia una interpretación que revelaría los contenidos ideológicos de una literatura cualquiera y la posición social del escritor? Concede, sí, que esta pueda tener algún “poder poético”. Pero ¿qué cosa podría ser aquí el “poder poético” sino un aderezo, un salpimento que apenas permitiría diferenciar de manera convencional, un poema de un parte meteorológico?

ABELARDO RAMOS:

La “realidad” comprende los sueños tanto como los demonios de la irracionalidad. En este sentido, hasta Borges es “realista” y en sus abstracciones puedo leer hasta la ideología de su clase de modo transparente sin mengua de su poder poético. Una realidad separada estrictamente de lo “irreal” sólo se conserva en estado “ideal”, incontaminado e inerte en el “realismo socialista”. Pero un lector atento también allí podría leer los desesperados fantasmas del artista prisionero.

¿Qué opina el Sr. Rodolfo Fogwill acerca de esta cuestión? ¡Oh, el “realismo latinoamericano” es idealista! Y se sirve, para corroborarlo, de los más aguzados floretes de la crítica lacano-americana, actualmente de “bon ton” en los salones universitarios. ¡Touche con ellos, barón de Fogwill! Hard!

RODOLFO FOGWILL:

2º El “realismo latinoamericano” en general es filosóficamente idealista por cuanto está indisolublemente ligado al dualismo físico-mental, porque supone desconocer la materialidad de la producción significante y la autonomía del sistema narrativo ficcional, que es una organización de materia.

Nuevamente una andanada de fuego y piedra sobre la ciudad, acaso sitiada, de la novelística latinoamericana. Esta vez Rui Díaz –por otra parte sin estar advertido de los movimientos del barón von Fogwill– parece que llega a colar una saeta en el centro de un punto extremadamente delicado: la concepción que del realismo se tiene dentro mismo de este bastión. Ante tamaño atrevimiento, ¡pudorosamente preferimos cerrar los ojos!

LEONARDO RUI DÍAZ:

2º Hay realismo en tanto nuestras conductas, pero en tanto que las muestra como en una fotografía. Una fotografía puede reflejar detalles. Es el realismo del espejo, devuelve una imagen de la miseria, sin más, donde los sujetos del realismo son sujetos pobres, sujetos miserables. Yo creo que por ahí la novela tendría que ser como ejemplar, ¿no? En este realismo de la novela latinoamericana no hay ejemplos, un ser como los de estas novelitas es un sujeto miserable, sin condiciones morales, sin límites en su conducta –para mí la cultura son restricciones, la cultura es realmente construcción de barreras. Aquí no hay reglas de ningún tipo, los personajes son sujetos instintivos, nunca la cultura gravita en ellos, nunca los mitos como los entiendo gravitan en ellos– son sujetos que caminan sin importarles que haya pozos, siguen la curva de los pozos y siguen adelante, cuando por ahí la enseñanza o lo aprendido indicarían esquivarlos.
El realismo de la “novela latinoamericana” es un realismo que no modifica nada. Cualquier literatura tiene que mostrar ejemplos y la “literatura latinoamericana” no demuestra de ninguna manera esta estructura de ser ejemplar.
El “realismo” como concepto ideológico es una herramienta de trabajo de cierto folklorismo de “izquierda” (eminentemente del P.C.), con la cual se pretende operar la realidad. Pero yo creo que esta cosa de producir realismo de la novela latinoamericana es un realismo para las ciudades cosmopolitas (ciudades cosmopolitas europeas). Son ciudades en las que no hay mitos que adornen su vida cotidiana. Ante este mundo de vacío de fantasía, las búsquedas se orientan hacia donde haya reservorios de fantasía. Y nos toca, entre África y América Latina –América Latina es lo más potable porque las lenguas africanas son muchísimas y difíciles de hablar– ofrecer la materia prima de un realismo fantástico, de un realismo pintoresco… También ocurre que se accede más rápido, hay textos de hace quinientos años. África no se explotó todavía. Seguramente será para el año dos mil o dos mil quinientos, que habrá un realismo africano…
Entonces, el realismo que exportan las literaturas latinoamericanas a todas las ciudades cosmopolitas es un realismo miserable, su producción se da por una necesidad de mercado, no es una búsqueda de modificar la realidad. El mercado necesita realismo, necesita verde, y las ciudades toman a su cargo producir esta mercadería que es el “realismo latinoamericano”. He aquí un ejemplo de realismo en una canción, que es casi lo mismo que puede aparecer en varias novelas latinoamericanas: hay una tonadilla que canta Mercedes Sosa, que habla de un sujeto que por el río Paraná a su vez le canta al río, y que el río sube y baja, lo inunda, hay seca y este sujeto se muere de hambre. Cuando es escuchado en Japón, en Nueva York, en París –París es un gran consumidor de “realismo latinoamericano”– ¡la gente se siente maravillada!: ¡En una selva de un país que se llama Argentina, hay un sujeto que está madrugando por una jangada, que se está muriendo de hambre porque hay inundación y le pide a la virgencita que le saque la inundación de encima! Esa cosa les encanta: un sujeto que no se hace una casa más alejada, que no produce sus alimentos, que vive de la caza, de la pesca y de la recolección. El “realismo latinoamericano” –bah, esa necesidad de mercado– vive buscando ese tipo de sujeto: indio recolector. Vive buscando indios recolectores. El indio recolector no es industrioso para nada, no planta, no produce herramientas, entonces les fascina a los europeos que producen herramientas, que producen fertilizantes; se maravillan porque exista lo “primitivo” (presentado de esta manera). Es fantástico, es fantástico poder tener en este mundo contemporáneo, en el que mandamos cohetes a la Luna y nos comunicamos por vía satélite, que haya sujetos así. Es maravilloso. Pero este realismo no es para nosotros, no es una cosa que nos sirva para crecer, no nos va a servir para que ese sujeto se deje de cagar de hambre. Lo leen en el país, pero no lo lee una multinacional que traiga fertilizantes o que le traiga cultura a este sujeto: es para consumir, para hablar en los cafés de la Paix de París, y hablar de literatura para pasar el tiempo.
3. LOS COLORES DE LA LEVITA.

Continuando con una misma linea de pensamiento, el Sr. Abelardo Ramos tuerce en favor de una literatura latinoamericana para una Patria Grande latinoamericana. ¿Por qué no habría de hacer extensivo el abrazo hacia otros hombres de buena voluntad, que no tuvieron el privilegio de nacer en tierra latinoamericana; e inclusive, si los hubiese, de otros planetas que habitan el Sistema Solar, u otras galaxias?

ABELARDO RAMOS:

3º Sí, es la literatura de una Nación no sólo inconstituída sino también desconocida por las “culturas balcanizadas” y la inteligencia colonial.

Pero para Medina la cuestión no reviste importancia. Una literatura surgida de unos orígenes “naturales” sin duda ha de ser en todo sentido una cosa “inobjetable” y, por lo tanto, “buena” en sí misma: Dostoievski, García Márquez, Chejov y Cortázar, en relación de buena vecindad, pueden evidentemente compartir el café juntos y divertirse –como la gente de Boedo y Florida– puesto que sabían escribir “bien”, puesto que su literatura era “buena”.

ENRIQUE MEDINA:

3º Simplemente, lo que estábamos diciendo al principio: se pone un sello a una literatura que no está mal ni está bien y me parece que es correcto, porque a mí particularmente me da lo mismo leer a Dostoievski que a García Márquez, leer a Cortázar o leer a Chejov. Es decir, a mí me interesa la literatura que sea buena y la que no me interesa pues la dejo de lado, pero no me pongo a leer una literatura latinoamericana con una atención más especial de la que podría poner al leer una literatura italiana, por ejemplo. Me interesa Moravia como me puede interesar García Márquez, me fascina Mailer como me puede fascinar Rulfo. Creo que este tipo de adjetivación es importante para los ensayistas, para los críticos, y creo que puede cumplir una función, una necesidad para el público, pero en mi caso no me interesa mucho. Van a quedar en la literatura latinoamericana Cortázar, García Márquez, van a quedar otros montones de aquellos escritores que estuvieron en el “boom” y otros que no estuvieron en el “boom”, eso no importa para nada. Recuerdo que Borges, cuando mencionaba, durante una charla que tuve con él cuando yo era cadete de la librería McKerns, donde me había metido para aprender inglés, una librería inglesa que quedaba en Sarmiento 525 y Borges iba ahí a comprar libros y ahí tuve la suerte de conocerlo y ahí le pregunté de eso –yo estaba entonces por una literatura comprometida y quería leer escritores, en fin, que me plantearan la situación social y toda la cosa; es decir, estaba como lector bastante equivocado, mal dirigido. Y entoncces yo le comentaba que a mí me hubiese gustado que él hubiera estado con otros escritores como los que admiraba en ese momento que eran los de Boedo, y él estaba en Florida, entonces decía: “Y a mí también me hubiese gustado estar ahí, lo que pasa es que eso se formó en una mesa de un bar para crear una problemática, una discusión que fomentara un poco la literatura. Entonces a todos los escritores los pusieron a unos de un lado y a otros por otro lado y a mí me pusieron en Florida. Y bueno, yo estaba en Florida y me tuve que quedar ahí, pero me hubiese gustado estar con los de Boedo”. Es decir, de esa manera se formó lo de Florida y Boedo. No era sí una cosa marcada, que se tenían bronca. No, tomaban café juntos, se divertían y qué sé yo, había una sola literatura. Y lo importante es que cada uno manifieste el mundo que conoce, lo que verdaderamente sabe. Y en la medida en que sea fiel a sí mismo y a su propia extracción social, ese libro va a servir. Por ejemplo, Manucho sirve, Bioi Casares sirve, Mallea sirve. ¿Por qué? Porque ellos presentan su propio mundo, presentan lo que conocen, no tratan de hacer demagogia con la literatura, entonces no hacen una literatura que ellos desconocen. Manucho jamás podrá escribir absolutamente nada mío y yo jamás podría escribir una sola línea de las que él escribía. ¿Por qué? Porque tenemos mundos opuestos, pero en rigor estamos unidos. Es el caso que me contaba Antonio Dibenedetti, con el que tuvimos una profunda amistad los últimos tiempos, a partir de su vuelta al país. Él incluso me escribió un prólogo para una edición de una novela mía que se llama “Transparente” en el cual menciona que había leído el libro mío “Las Tumbas” en la cárcel y me contaba que quien le había llevado ese libro había sido casualmente Mugica Láinez. Entonces eso a mí me sorprendió totalmente. Primero, que un escritor como Dibenedetti, tan fino, lea mi literatura y que quien le lleve ese libro sea Mugica Láinez. Entonces eso te muestra de pronto que para los verdaderamente escritores no hay divisiones, no hay rótulos. Ni policial, ni latinoamericano, ni realista, ni fantástico: Todos tenemos una tarea personal de desarrollarnos nosotros mismos, de conocernos, de tratar de investigar sobre cada uno de nosotros. Que eso, cuando es a la vez profundo y cierto y verdadero, nos ayuda a todos los demás. A mí por ejemplo, para encontrar mi espacio en la literatura, me sirvió leer toda la literatura de Victoria Ocampo, de Sur, de Mallea. Toda esa gente me hizo comprender que yo tenía que tomar el ejemplo de ellos. ¿Cuál es ese ejemplo?: Ellos hablaban de su mundo. Si yo quiero conocer el pensamiento ideológico, político, de una determinada época, leo los libros de Mallea y yo encuentro ahí y eso me sirve. Es incluso toda esa literatura una fuente de información . Entonces yo tengo que hacer lo mismo, eso es lo importante.

Una aclaración para el lector: Aquí, en principio, nuestro encuestado – el barón de Fogwill (revelándose como un endiablado “connosseurship” en la técnica del florete)–, intenta iniciar la tercera vuelta valiéndose de una conocida figura estilística empleada en esgrima, que ya pasamos a describir: Se trata de una diversiva, o estocada que se ejecuta después de quitar la del contrincante (¿nosotros?), infligida sobre su mismo quite. ¡Nos han asestado en medio del corazón! ¡Estamos muertos! ¡Ah!
–No satisfecho con ello, Fogwill arremete otra vez contra la música y la literatura latinoamericanas, relacionándolas con la política latinoamericana… ausente.

RODOLFO FOGWILL:

3º Tanto como la “adjetivación” impuesta a “connotación” en la fase interrogativa. Históricamente: algún sentido puede atribuirse a la producción de música latinoamericana, literatura latinoamericana, en relación con la ausencia de una política latinoamericana.

Parafraseando a Picasso –con las reservas de rigor– se podría pensar que al Sr. Luis Franco le interesa, más que la novela latinoamericana, la clase de hombre que tras de ella se oculta. Podríamos sintetizarlo con un proverbio –algo deformado por nosotros– : “El hábito latinoamericano no hace al monje latinoamericano”. O, –si se nos permite una comparación más osada– : “La mona por más que se vista de seda, mona se queda”.

LUIS FRANCO:

Aunque de modo indirecto –o por rebote– trataré de contestar sus preguntas.
1º ¿Cuántos espíritus logran librarse del espejismo histórico que impide advertir que las abstracciones y teorías en general, digo casi toda nuestra ideología religiosa, filosófica o estética, es hija de nuestro miedo zoológico a lo desconocido y finalmente un reflejo de los intereses de clase?
2º El hombre como especie es el más inteligente y fraterno de los seres y a la vez el más estúpido y bellaco, o sea, la criatura privilegiada por antonomasia, se ha trocado desde el alba de la aventura llamada civilización en el peor enemigo de su propia especie.
3º Ello ocurrió al bifurcarse en dos clases: la muy minoritaria de los que se apropian de los bienes comunes y empujados por el poder y la vanidad llegan a todas las violencias y aberraciones; y la innumerable de los desposeídos, condenados a trabajar para sus amos, deshumanizados por la fatiga, la humillación, el látigo y el ayuno. En realidad toda la llamada cultura o civilización fue puesta al servicio del orden parasitario. La sociedad no está organizada para el bien de todos, sino al revés: los pueblos deben inmolarlo todo en pro de la Religión y del Estado: propiedad de los amos.
4º Al complejo de cortesía lamerona con los de arriba, no escapan –si no es por excepción rarísima– ni los filósofos, ni los científicos o artistas en su mayor parte. Un sólo ejemplo basta: Aristóteles justificando la esclavitud en la Grecia democrática.
5º Las revelaciones de las cavernas de la edad de piedra y los restos de sociedades sobrevivientes de la misma, dicen que el hombre arcaico no fue el ogro de las leyendas sino una criatura ingenua y muy sociable, sin lo cuál no hubiera logrado subsistir como especie. Nace libre e igual a sus prójimos, tal como el resto de los hijos de la zoología. La barbarie, o real salvajismo, mejor, comienza con la civilización, cuando la casi total mayoría de los seres humanos pasan a ser “herramientas que hablan” como decía el eufónico Cicerón, Que lo digan hoy la Rusia de Lenin trocada en burocracia stalinista o la democracia yanki abortada en amo del mundo.
6º Creo que lo fundamental –excepto alguna actitud u obra excepcionalísima, si la hay– la de los artistas y pensadores de América Latina, no ofrece mayor diferencia con el resto del mundo.

La tercera pregunta lo sorprende a Rui Díaz fortaleciéndose en camposanto, pero juzga su posición lo suficientemente aventurada como para minar ahora a su enemigo desde sus mismas filas, a su juicio desde la tez enfermiza de sus soldados ¿Y se guardará aún Rui Díaz una ofensiva “ejemplar” para terminar?

LEONARDO RUI DíAZ:

3º La novela latinoamericana es latinoamericana porque habla de los sujetos que viven aquí, pero no es para nosotros. Los retratos de esos sujetos vacíos que soportan el mundo, que se mueren de hambre y se mueren de infección por no tener un antibiótico, no son un ejemplo, no pueden ser una literatura para nosotros, no nos va a permitir hacer otro mundo, modificar este mundo. A nosotros este mundo nos va a devorar, no vamos a sobrevivir en el mundo donde sobrevivir significa dejar algo –para un hombre significa dejar algo. Ese tipo de sujeto no deja un carajo, no deja nada a sus hijos y no se da nada a sí mismo. Este realismo latinoamericano es una literatura para consumir pero no es cultura. Cultura es no volver a cometer los mismos errores.
Ejemplos. Un ejemplo en Guillén (dice en un poema más o menos así):

El hombre tiene hambre
Hambre tiene el hombre
Hambre, hambre, hambre
Estoy plantando papa con esta azada
Con esta azada estoy plantando papa
Va a venir la inundación y no voy a comer nada
Hambre, hambre, hambre.

(Un hombre al que se le está por morir un familiar en un Macondo, pero aparece Guillén para poemizar el drama que nos fascina):

A Arcadio Buen Día se le están muriendo de una buena infección…

(Que con un antibiótico se le para)

… un hijo y una hija.

(Le vendría bien que este mismo sujeto se muriera de alguna enfermedad tropical, sería interesante. Entonces canta):

Mi hijo tiene calor
Calor tiene mi hijo
En su frente tiene calor
Si la Pacha Mama no le da la gracia
De fiebre se muere mi hijo
Se va a morir de fiebre.
4. CAMPUS STELAE (CAMPO DE ESTRELLAS).

Fiel a sí mismo, el encuestado Sr. Abelardo Ramos no imagina otras vías de expresión fuera de las que aparecen manifiestamente en las novelas latinoamericanas, sino el desarrollo de las llamadas ciencias humanas o del hombre. (Historia, psicología, sociología, etc.) ¿Por qué?

ABELARDO RAMOS:

4º El pensamiento político, la historia, la psicología, la sociología y la antropología se desarrollarán en algún momento hasta el punto de romper las limitaciones estaduales de los Estados “provinciales”. Entonces serán creadores y adquirirán una magnitud acorde con la gran Nación posible. La “cultura iberoamericana”, en todas sus disciplinas expondrá explícitamente lo que por mandato del arte es implícito a la novelística de América Latina. Por ahora, la novela resulta ser una adelantada de la conciencia nacional, respecto de las ciencias sociales.

Los horizontes de la novela latinoamericana son los horizontes de Enrique Medina. Aunque –aclara– eso no excluye su interés por otras “grandes” literaturas. Entonces, más allá de estos Pilares de Hércules reconocidos, ¿qué extrañas criaturas fabulosas, que nuevas formas descalabrantes para la razón, será capaz de captar nuestra fascinación? Si suponemos estar en el Culo del Mundo, ¿no nos impedirá mirarlas a los ojos y reconocerlas?

ENRIQUE MEDINA:

4º Primero, que la literatura latinoamericana no es la única literatura del mundo. Es un granito de arena en la gran literatura mundial. Y la literatura se enriquece con las mil y una propuestas que han aparecido y que aparecerán día a día. En la literatura mundial existen todos los géneros posibles y en la literatura latinoamericana también. Incluso novelas latinoamericanas son todas, todo tipo que nace en Latinoamérica y escribe una novela, punto, ya entra dentro de ellas, así que no entiendo muy bien qué es lo que quiere decir.
Los horizontes de la novela latinoamericana son amplísimos. Lo del “boom” sí que sirvió para que en el mundo nos descubrieran, ya que eran poquísimos los escritores que en el resto del mundo se conocían. No nos olvidemos que nosotros estamos ubicados en el culo del mundo. La Argentina no cuenta, no pesa para el mundo, incluso políticamente; los momentos más cruciales y más políticos, como son los que nuevamente llevaron la democracia a la Argentina, la lucha por los derechos humanos, esas son las cosas que más difusión han tenido en el mundo y que nos han hecho conocer un poquito más, amén del mundial de fútbol y ese tipo de cosas. No podemos pretender más, si nosotros mismos, por ejemplo, nos planteamos qué es lo que conocemos de África y vamos a ver que no conocemos un pito. Sabemos que ahí Tarzán alguna vez se colgó de un árbol, pero nada más. O sea que desgraciadamente el avance tecnológico es muy grande, pero el interés de las gentes, de las personas, es relativo. Yo viajé mucho en distintas épocas y qué sé yo, en la época del ’60 era conocida un poco la Argentina. Cuando vos decías Argentina, “¡ah, sí!” te decían, “¡el Che Guevara!”, y entonces asociaban un poco, pero no de manera terminante. Y lo mismo con el tango, por supuesto. Y después más adelante Monzón, pero las referencias eran muy vagas. Por ahí estaba el Martín Fierro traducido, sí, traducido a dos mil idiomas, pero en una traducción digamos “de cajón”, para bibliotecas y nada más, no quiere decir que el público abundara o que todos fueran a leer el Martín Fierro, así que esas cosas son bastante sanata. Así que volviendo otra vez a esto, es decir que sí, que el “boom” sirvió para que con un poco más de tiempo depositaran los otros hacia nosotros en el aspecto literario; y entonces bueno, es evidente que la literatura de un Sábato, un Borges, un Cortázar, fue más tenida en cuenta que antes, ¿no es cierto?
RODOLFO FOGWILL:

4º Sí. Por ejemplo, la poesía o la práctica filosófica.

Sí, pero por ejemplo, ¿qué poesía, qué práctica filosófica?
LEONARDO RUI DÍAZ:

4º Yo creo que América Latina todavía tiene que hacer su modelo. Esta novela para los otros o para ciudadanos cosmopolitas no es una cosa seria. Todavía nosotros tenemos que edificar una cultura que nos permita crecer y no vamos a crecer en tanto que los héroes de nuestras novelas siempre sigan siendo sujetos que se mueren de hambre o que se mueren de infección porque no somos capaces de producir un antibiótico. Nosotros tenemos que hacer una novela de un sujeto heroico que un día en un laboratorio en Macondo, trabaje en un antibiótico. Héroes de exaltación y no una literatura de esclavos (nosotros lo que estamos exportando son visiones de la calidad de esclavos que somos). Incluso el Martín Fierro, qué ejemplo podemos tomar del Martín Fierro, a quien el Juez de Paz le viola a la mujer –bah, se la coje– porque él es la autoridad, y después el comandante vuelve a cojerse a la mujer de uno de estos sujetos, y después el sujeto se va. Este sujeto qué ejemplo de sujeto es, de sujeto con derechos, de hombre; sumiso a su suerte de autoridad divina –porque el Juez de Paz es representante de algún poder y el comandante también de otro poder; ¿de dónde viene?: de su sable o de donde sea. Hay textos por ahí que Martín Fierro no sabe leer y que el otro no sabe leer. Y el Martín Fierro es un texto que por ahí los empresarios latinoamericanos todavía lo regalan como muestra de la literatura latinoamericana a industriales con los que mercadean productos del país. ¿Eso es un retrato para exportar o eso es un retrato para nosotros? ¿Eso es ejemplar para nosotros, un sujeto que no tiene ninguna condición de hombre, que no combate por su lugar, que no combate por su derecho? Lo basurean y se va al desierto. ¿Es que no tiene capacidad para enfrentarse con el poder, para decirles a los otros que es hombre? No es un sujeto humano. El hombre se hace a sí mismo en sus producciones y en su valor de sí mismo. En las novelas latinoamericanas no hay ningún sujeto que se valore como hombre, con necesidades y con derechos. Les toca la pena de vivir en la miseria porque hay un Dios, la Pacha Mama, etc., ¿y él qué hace por sí?, no hace nada. ¿Y el escritor que escribe sobre él? ¿No ve en él ninguna inquietud de modificarse como hombre? Hasta ahora la literatura latinoamericana lo único que ha mostrado ha sido esclavos, que en el establo de los esclavos, adoran dioses de esclavos y vírgenes de esclavos. No hombres que peleen como hombres y se edifiquen como hombres.

El retrato de una literatura de exaltación, ¿finalmente alcanzaría a definir, por medio de algún procedimiento, los contornos en filigrana de una “literatura didáctica-moralizante”? ¿Y quién se reflejaría allí?
(*) “¿La novela latinoamericana es un género falso?”, encuesta publicada en «Rosalinda de la Cueva –Boletín del grupo surrealista del Río de la Plata-», nº 2, Buenos Aires, abril de 1987 (págs. 7-13). Moderadores: Luis Álvarez y Juan Carlos Otaño.