Borges y Bioy Casares, paladines de la literatura gelatinosa(*)

17oEn el Nº 17 de “Buenos Aires Literario”, Borges y Bioy Casares, conocidos fabricantes de repostería literaria para uso de las niñas de la buena sociedad, se enfurecen con Letra y Linea . De la confusa mezcla de rencor gelatinoso y gracia hipopotámica de que hacen gala en ese texto, se desprende lo siguiente:

1º Que el chancho es el Dios tutelar   y vengador con el que se identifican los autores (evidentemente, la literatura gelatinosa, nutrida de desperdicios y residuos literarios, se aviene perfectamente con las características del aludido animal).

2º Que nuestra revista se dedica a “atacar a ciertos escritores para ensalzar a otros”. Este descubrimiento tan sorprendente resulta un propósito no sólo evidente sino razón fundamental para la aparición de Letra y Línea . En el número inicial figura de modo destacado en la declaración de motivos y entonces la designamos como tarea de revalorización o rectificación de las jerarquías literarias y artísticas.   En otras palabras: esa actitud, que naturalmente resulta alarmante para Borges y Cía., significa señalar y denunciar la falsedad de la posición destacada de determinados escritores y artistas, lograda por razones variadas, entre las cuales nunca figura el mérito real.

3º Lo que más asombra a Borges y Cía. Es la audacia de una revista que sale a combatir sin figurar en ella los nombres que consideran consagrados. Pero que se tranquilicen ya que de ningún modo han sido olvidados, pues si bien no figuran en la plana de colaboradores todos esos protagonistas del drama cultural del país, los podrá encontrar en todos los números en lugar destacado, con menciones de sus ilustres textos, aunque no desempeñando ya el papel dramático sino el cómico.

Pequeño esfuerzo de justificación colectiva

26oJustificación de esta revista: Buscar en la expresión la evidencia de nuestra propia y oculta estructura (palabra, espejo del hombre) y quizás también algo como una necesidad irresistible de pensar en voz alta.

Justificación de nosotros: Seres atraídos hacia sí mismos por una extraordinaria fuerza centrípeta.

Definidos exteriormente como inestables (igual y alternativa repulsión por el movimiento y por la inmovilidad, por la acción y por la inacción) nosotros hemos acudido a la única manera de existir en densidad (es decir sin disolvernos) que es la introspección. Este vocablo no lo entendemos como planteamiento de problemas estériles, sino como una manera de dejarse poseer por uno mismo, estando lo consciente puramente dedicado a revelar por el signo de cada palabra una profunda realidad constitutiva.

En esta actitud se distinguen dos partes:

1º placer de una ilimitada libertad expansiva.

2º posibilidad de conocernos (especie de método psicoanalítico, pero en el cual no partimos de ningún prejuicio sobre nuestra propia estructura).

De lo ya dicho se desprende que nosotros contemplamos la vida (esos mil choques de la realidad exterior) con el mismo desasimiento que observamos para el resto del mundo. Sin embargo guardamos para ella como para éste una consideración cortés como a posibles signos que en circunstancias imprevistas pudieran servir para explicarnos.

Si desvalorizamos la vida es por la evidencia de un destino. Vomitamos inconteniblemente sobre todas las formas de resignación de ese destino (cualidad máxima del espíritu burgués) y miramos con simpatía todos esos aspectos de una liberación voluntaria o involuntaria: enfermedad, locura, suicidio, crimen, revolución. Pero esto no pasa de ser una posición moral. En realidad, estamos decididos a no intentar nada fundamental fuera de nosotros.

Cada uno busca en sí mismo. Esta vereda de orientación es casi lo único que nos reúne y quizás un poco de simpatía (ese deseo de ser más que un individuo, deseo de ser muchos).

Justificación de nuestra expresión: Toda palabra está en el corazón mismo de los problemas del ser. Es decir, que para un hombre determinado, su misterio toma la forma de sus palabras (en un sentido más amplio: toma la forma de sus signos).

Justificación del nombre de la revista: interrogación primera y máxima, desnuda de todos los ornamentos ortográficos, reducida a su pura esencia verbal.

(*) Publicado, sin firma, en la revista «Qué» nº 1, Buenos Aires, noviembre de 1928.

  

La poesía debe ser hecha por todos

ar23bajaEn el famoso prólogo a sus Poesías, Lautréamont   enuncia el concepto siguiente: La poésie doit être fait par tous. Non par un. La traducción unívoca de esta frase es: “La poesía debe ser hecha por todos. No por uno”.

Los surrealistas han convertido a dicha expresión en su voz de orden, y constituye el núcleo y fundamento de su ideología. En un libro de poesías recientemente aparecido (1) se publica, precediendo al texto y como lema del contenido, la frase: “La poesía debe ser hecha para todos” atribuyéndosela a Lautréamont. Podría sospecharse que se trata de un error de imprenta, pero como el sentido de la frase coincide exactamente con el criterio que prevalece en buena parte del libro, creemos necesario aclarar la diferencia fundamental entre los dos conceptos. Las dos frases “Poesía hecha por todos” y “Poesía hecha para todos” corresponden a dos concepciones fundamentalmente opuestas, separadas por el más profundo abismo. En la “Poesía hecha por todos se concibe a la poesía como la más alta actividad del espíritu. Su función se extiende a toda manifestación vital, ennobleciéndola, y en ella deben participar todos los hombres. Es una concepción progresista y revolucionaria.

En el concepto opuesto de “Poesía hecha para todos” se parte de la aceptación de la miseria espiritual del hombre considerándola como definitiva e irreparable y arrojándole entonces los mendrugos de la más baja cocina intelectual. La miseria espiritual que siempre ha sido paralela a la miseria económica, constituye uno de los aspectos de la miseria total del hombre. Así como todos tienen derecho a participar de las riquezas materiales, tienen derecho a participar de las riquezas espirituales.

La poesía hecha por todos es un concepto de participación activa y no quiere decir que todos los hombres escriban poesía. Lo poético es una exaltación de los valores espirituales del hombre en el sentido más general posible, que llega a condicionar una conducta, un sentido de la vida, una alta comunicabilidad más allá de las convenciones.

En la poesía hecha Para todos el hombre es absolutamente pasivo, simple receptáculo con cabida sólo para lo mismo, cesto de los mendrugos. En esta concepción se duda de la capacidad del hombre para superar su condición de sordidez, se lo condena eternamente a una situación de esclavitud espiritual. La expresión “La poesía ha de ser hecha para todos” es el concepto más profundamente reaccionario; concibe al poeta como el elegido, lo coloca en un plano olímpico, desde lo alto del cual, por condescendencia o por piedad, se desprende de la menor parte de su riqueza interior y la distribuye en migajas entre los hombres. Es la poesía-limosna, por oposición al concepto realmente enunciado por Lautréamont de poesía-exaltación, en la que todos participan por igual en el gran hecho universal de la poesía, participan al extremo, confundidos en el mismo acto de la creación. “La poesía debe ser hecha por todos” es expresión de la máxima y verdadera democracia espiritual.

Quienes están convencidos de que no hay salida para el hombre, y aceptan el nivel más bajo como el único posible, no gozan del derecho de defender sus ideas atribuyéndoselas a Lautréamont, el héroe de la revolución poética, aquel que más luchó para terminar con la pobreza espiritual.

Pero sabed que la poesía se encuentra en todas partes donde no esté la sonrisa estúpidamente burlesca del hombre, con cara de pato.

Lautréamont

En torno a “Heterodoxia”

25oUno de los factores que contribuyen a la pobreza y al conformismo que caracterizan a un sector de nuestra literatura, es la cantidad exuberante de escritores que se consideran de regreso de todo sin haber ido a ningún lado. No es éste, sin embargo, el caso del escritor Ernesto Sábato. Indudablemente Sábato ha ido a muchas partes. Ha ido a la Facultad de Ciencias Exactas; ha ido a un congreso comunista en Bruselas; ha ido a París a trabajar en los laboratorios Curie y a promover escándalos con dos pintores surrealistas; y ha presenciado el capitalismo maquinista en los Estados Unidos. No se detienen ahí los desplazamientos del señor Sábato: ha ido también hacia el ensayo, hacia la novela, y piensa ir también hacia el teatro, al comprobar (“Platea”, suplemento Nº 1, oct. 52) “que hay un público potencial de primer orden para un teatro de calidad”.

Pero de todas estas incursiones -Ciencia, Política, Surrealismo- Sábato ha ido también, renegando sucesivamente, como él mismo confiesa en su justificación a “Hombres y engranajes”. Vale decir, que su foja ideológica ha sido, hasta hace poco tiempo, un continuo ceder ante las exigencias de todas esas disciplinas con las que comulgara alguna vez. Llegamos así a su última publicación, “Heterodoxia”, reunión de 178 notas, de las cuales 145 le pertenecen. En efecto, 33 de las mismas son meras transcripciones -sin comentarios y entre comillas- de diversos autores.

Pero no todo es compilación en este libro. El resto de sus notas puede descomponerse así:

Desconciertos lingüísticos y literarios, 62; cavilaciones sobre el sexo, 34; reflexiones sobre la cultura, 18; declaraciones anticomunistas, 4; cuestiones de judaísmo, 4; chistes, 4; anécdotas, 2; información turística, 1.

Hay también en esta obra, por supuesto, opiniones del autor, que son las 16 restantes.

Según parece, Sábato ha querido practicar un género completamente inexplorado hasta hoy, el cual consistiría en que el lector deduzca, a través de las citas, todo el sutil y astuto pensamiento de quien las transcribe. Sin embargo, debemos referirnos, en primer lugar, no a su pensamiento expresado a través de esas citas, sino a estas 16 notas que nuestro autor da a conocer, en concisas frases, el fruto de sus especulaciones. Veamos una de ellas:

“SOBRE LA EXISTENCIA DEL HOMBRE -Somos como esos presos a perpetuidad que construyen barquitos dentro de una botella, o lapiceras de colores”.

Como vemos, el pensamiento de Sábato es hermético. En vano intentamos llegar a las últimas consecuencias de esta profunda reflexión. En primer término, debimos considerar el problema de saber si somos presos a perpetuidad o lapiceras de colores. Decidir esto nos llevó nuestro buen tiempo, pero superando la capciosa coma del autor, descubrimos otra posibilidad de dicho pensamiento. Nuestro porvenir ya no es tan siniestro: no somos lapiceras de colores. El enigma de la existencia se ha despejado. Sábato termina de revelárnoslo: nuestra vida se nos va en construir barquitos o lapiceras de colores dentro de una botella. La finalidad de una lapicera de color dentro de una botella nos deja alelados. Pero, ¿no habrá querido decir -ya sin la coma- que somos como esos presos a perpetuidad que construyen barquitos dentro de una botella o fabrican lapiceras de colores? En este caso, el pensamiento de Sábato no sufre mengua: la seriedad de su reflexión queda a salvo.

Así podríamos citar otros pensamientos tales como éste:

ATEISMO. – Secta religiosa.

Lugar común muy difícil de evitar en cualquier conversación de sobremesa, aún cuando no se barajen problemas religiosos.

Pero vayamos a las notas que tratan de sus perplejidades lingüísticas y literarias, y que ocupan una tercera parte del libro. Esta proporción indica ya la importancia que para Sábato tienen tales cuestiones.

Sin duda alguna, Ernesto Sábato representa en nuestro medio una reacción feliz frente al esteticismo que Borges se ha encargado de practicar y difundir. Por eso no es de extrañar que en todos sus libros haya siempre algunas referencias a Borges. En “Heterodoxia”, por ejemplo, en la nota “Orlando traducido por Borges”, Sábato señala ciertos verbos y adjetivos que, en la traducción de Orlando, le “sonaban” a Borges como vasto infiel o “infirió el borrador”. Sin embargo, esto no es obstáculo para que en el mismo libro se puedan leer, pero esta vez empleados por Sábato, términos iguales o equivalentes, usados también al modo de Borges: “Weininger no menciona en su vasto insulto…” o “Otto Weininger profirió centenares de páginas contra la mujer…” Y esto, hablando solamente de Weininger. A veces esta influencia ha llegado hasta la transcripción. Dice Borges en “Examen de la obra de Herbert Quain” que éste no pertenece al arte, sino a la mera historia del arte. Transcribe Sábato, hablando de la muerte de Bruno: “pertenece a la historia de la ciencia; pero jamás a la Ciencia misma”. (“Hombres y engranajes”, pág. 47).

Sin embargo, la prosa de Sábato no trata de ser preciosista. Él mismo en algunas notas de su libro, no sólo combate dicha tendencia, sino que confiesa que en realidad le interesa un estilo natural y sencillo , aunque “la naturalidad y la sencillez son el resultado de un arduo trabajo de limpieza”; pues en un país donde todo el mundo tiene la obsesión de la obra maestra y literatosa, es alentador que un escritor como Ernesto Sábato publique una novela simple, sencilla, sin mayores alardes. Esto tal vez explique la extraordinaria difusión y acogida popular de su novela, que ha hecho de Sábato uno de los escritores argentinos más leídos.

Las objeciones que pueden hacerse a “Heterodoxia” son las de una excesiva petición de conocimientos, lo que hace de este libro una obra para iniciados en los problemas de la cultura. Frente a la nota citada más arriba “Weininger no menciona en su vasto insulto…” iniciada precisamente así, cabe preguntarse quién es Weininger, cuál es su vasto insulto y a quién va dirigido. En caso de poder el lector responder a estas preguntas, es decir, suponiéndole iniciado, no podríamos afirmar que “Heterodoxia” sea un libro para él, pues los comentarios a cargo de Sábato no aportan, en una gran parte, conclusiones que aclaren o enriquezcan el texto citado. Este mismo comentario a “Sexo y carácter” es para advertirnos, por ejemplo, que Weininger en su diatriba contra la mujer, “no recuerda que detrás de muchos grandes hombres -Edipo, San Agustín…, Napoleón- hubo una mujer”, advertencia sentimental a la que podríamos sumar el nombre de nuestras esposas, nuestras madres, el recuerdo de algún primer amor, pero que no creemos interese al lector de Mumford, Northrop o Buber, al cual él se dirige.

Hemos hablado personalmente con Sábato luego de la publicación de “Heterodoxia”. Nos hallamos frente a un hombre afable, humano, y, a través de la conversación que tocó preferentemente el tema de nuestra literatura, pudimos apreciar su exacto punto de vista sobre la sitación actual de la misma y los problemas del escritor. Sus opiniones, en esta oportunidad, no hicieron más que corroborar los conceptos de su última nota de Heterodoxia, sin duda alguna la más importante de su libro.

Sin embargo, es necesario que aclaremos nuestra completa disconformidad con “Heterodoxia”. No sabemos si nuestras objeciones son exageradas dado que Sábato, tal vez, no pretendió hacer de este libro una obra fundamenal de la literatura; pero, al mismo tiempo, sospechamos que el simple hecho de llevar sus notas dominicales hasta el libro, delata en él un indudable sentimiento de seguridad, de confianza en el valor de sus 145 notas. De cualquier manera que sea, lo indudable es que los libros de Sábato pueden ser discutidos, promueven un interés polémico que estamos lejos de pasar por alto, pues creemos que en nuestra literatura, ese interés polémico es la mejor conquista y al mismo tiempo el mejor premio de un escritor.

Con Sábato se ha llegado hasta la difamación, hasta la injuria antisemita (Sabatinsky, insinúan), o se ha concluído en el equivalente astigmatismo de ver en “El Túnel” una novela de la misma importancia que “El extranjero”. ¿Por qué no ver en él, con mucha más justicia, a un buen escritor argentino que tiene el mérito de no escribir versos o líricos novelones autobiográficos?

(*) Publicado en «Letra y Línea» nº 4, julio de 1954 (pág. 16). (Director: Aldo Pellegrini).

Encuestas de «BIEF, jonction surréaliste»

2suebaja– ¿Qué sucede entre las dos estaciones clausuradas del Metro (subterráneos de París): Rennes y Saint-Martin?

– ¿Su vida onírica es más rica en el campo que en la ciudad?

– ¿Qué haría si fuera invisible durante una hora, el 7 de enero de 1959, entre las 19 y las 20 horas?

– ¿Se ha dado cuenta de que numerosos paracaidístas, veteranos de Indochina o de Argelia, devueltos a la vida civil, se convierten en criminales? ¿A qué lo atribuye?
(“BIEF” nº 3). RESPUESTAS:

– ¿Su vida onírica es más rica en la ciudad que en el campo?

«Indudablemente, por el hecho de que los ruidos exteriores desencadenan sueños y pesadillas. La ciudad, con sus múltiples excitaciones sensoriales, concientes e inconscientes, determina una vida onírica intensa, una especie de represión de los conflictos diurnos y repetidos. Esta vida onírica es, sobre todo, rica eróticamente (…). Frecuentemente, la ciudad determina en mí, sueños que se refieren a una realidad distinta y precisa. Escribo libros y los leo, hablo lenguas extranjeras que soy capaz de dominar. A veces me sucede que hablo por largo tiempo una lengua extranjera que me parece perfeccionar sin cesar, cuyas frases y palabras salvajes no tienen relación alguna con la realidad. Son pronunciadas en voz alta, con claridad, y a la mañana recuerdo las frases pronunciadas, totalmente o al menos en parte. Un lenguaje áspero y suave a la vez, con entonaciones cantables. Me confunde completamente porque, ¿de qué región antigua y salvaje de mi subconsciente provienen estas palabras, de qué cavernas acogedoras y familiares, o de qué mujeres dóciles y apacibles?»

A.L. VAYRON LA CROIX (Lyon).
– ¿Qué haría usted si fuera invisible el 7 de enero, entre las 7 y las 8 horas de la tarde?

«Trataría de averiguar lo que sucede entre las dos estaciones del Metro clausuradas de Rennes y Saint-Martin.»

(Con relación a la pregunta nº 1: Respuesta verbal de nuestro amigo Roland Sig, de paso por París).

Las “preguntas del mes” estaban destinadas a provocar la manifestación de desconocidos que pudieran sentirse concernidos por ellas, teniendo cada uno de nosotros la posibilidad de expresar, en Bief, sus propias corazonadas, con la única condición material de saber limitarse; la redacción adoptó el principio de que las respuestas que emanaran de nuestros amigos más próximos, no serían sino excepcionalmente reproducidas. Por otra parte, publicamos más abajo, por primera y única vez, una respuesta anónima. Por más que pudieran presentar algún interés, en adelante estas respuestas ya no podían ser conservadas.

– ¿Su vida onírica es más rica en el campo que en la ciudad?

– Sí, al ser de ciudad, a causa del cambio de ambiente.

– ¿Qué haría si fuese invisible, durante una hora, el 7 de enero de 1959, entre las 7 y las 8 horas de la tarde?

– Desde las 7, me encerraría con triple vuelta de llave, y esperaría, desesperado, que fuesen las 8.

– ¿Se ha dado cuenta de que numerosos paracaidístas, veteranos de Indochina y de Argelia, devueltos a la vida civil, se convierten en criminales? ¿A qué lo atribuye?

– A remordimientos.

(X…, Meurthe-et-Moselle).
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(“BIEF” nº 2). PREGUNTAS:
1ª ¿Qué tipo de transformaciones puede usted prever para un acantilado?

2ª ¿Estaría dispuesto a facilitar la evasión de un detenido de derecho común, sin considerar lo que hubiera hecho?

3ª Se deplora que las vidrieras de Navidad ofrezcan a los niños motivos militares. ¿Qué clase de influencia cree usted que puedan tener, para los mismos niños, las vidrieras de una gran tienda completamente dedicadas a mostrar los “sputniks” y la navegación interplanetaria?
(“BIEF” nº 4). RESPUESTAS:

– ¿Qué tipo de transformaciones puede prever instantáneamente para un acantilado?

A

Aguardar intacto del tiempo
Alternancia dócil de las vertientes
Actitud inútil de partes de un muro cortadas
Acabado incierto de las ciudades

B

Bloque de roca de acero
Azul rojo dorado
Base blanda en los crisoles fundidos
Bemol
Búfalos bufando en burbujas
Balizando en una tierra descolorida
Barcos enmascarados de pájaros nacarados

C

Cascadas cortadas de bosques de sombras
Cordadas de rutas bituminosas
Clamores densos de jabalíes verdes
Acantilados

Chantal DAUGE.

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– ¿Qué tipo de transformaciones puede prever instantáneamente para un acantilado?

Presentarlo como lo que es: una gruta dada vuelta como un guante.

– ¿Estaría dispuesto a facilitar la evasión de un detenido de derecho común sin considerar lo que hubiera hecho?

– Sí, durante mucho tiempo los crímenes y delitos significaron para mí aquéllo que son actualmente: Una de las más seguras consecuencias del orden social establecido, y, por lo tanto, una de las formas más vivas de su denuncia. Por otra parte, siempre ha sido en el fondo de las prisiones donde ha surgido con mayor fuerza la idea, completamente negativa, de lo que bien podría ser el hombre.

– Se deplora que las vidrieras de Navidad ofrezcan a los niños motivos militares. ¿Qué clase de influencia cree usted que puedan tener, para los mismos niños, las vidrieras de una gran tienda completamente dedicadas a mostrar los “sputniks” y la navegación interplanetaria?

– En el orden actual de las cosas, evidentemente las ideas gemelas de agresión y conquista que se desprenden de esas vidrieras. Y cuando una burbuja llamada “Sputnik” toma la posta de la flecha envenenada del piel roja, uno puede preguntarse si la noción de competencia (leer los recientes periódicos) no ha sustituído durante mucho tiempo a la del progreso. La utopía, ya sea que haya alcanzado o no la madurez, se alimenta del mismo equívoco cuidadosamente mantenido.

André S. LABARTHE.
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– ¿Qué tipo de transformaciones puede prever instantáneamente para un acantilado?

– Que se convierta en una caverna (para el paso de adentro hacia afuera o cualquier otro procedimiento, eso lo tengo en cuenta), yo buscaría la entrada.

– ¿Estaría dispuesto a facilitar la evasión de un detenido de derecho común, sin considerar lo que hubiera hecho?

– Sí. Ya ha sucedido, y de la peor manera.
La ocasión se presenta raramente en la vida.
Era en el ’45, en la región de los Sudetes, el ejército ruso estaba llegando para liberarnos. Despliegue del ejército victorioso, vencidos en desbandada, civiles enloquecidos: el gran burdel.
Una alemana, joven y bonita, vino para pedirme consejo; me condujo hasta donde estaba su marido, un poco más lejos, junto a un estercolero.
Un oficial (¿tal vez un SS?); ya se había quitado todas sus insignias. Solamente la calidad del paño con que se vestía denunciaba su grado.
¿Qué debía hacer para escapar? Le dí algunos consejos de buen sentido: caminar durante el día, que no tuviera el aspecto de un perseguido, ponerse una gorra, cambiar de vestimenta en la medida de lo posible. Mi calma, tanto como mis consejos, lo reanimaron.
Ninguna simpatía por el hombre; casi digno pero manifiestamente asustado: ella me expresó qué pena le producía ver un hombre así, privado de sus galones, anónimo desertor, mientras que el día anterior estaba rodeado de honores y tenía autoridad – ¡a mí, que estaba andrajoso, con mi chaqueta marcada en el dorso con una estrella roja!
(No se trata de reflexiones posteriores, por el contrario, mis recuerdos son muy precisos acerca de lo que pensaba mientras ella se desgañitaba).
Ningún sentimiento caballeresco del género de “respeto por el enemigo vencido”; ninguna venganza al estilo de Jean Valjan cuando liberó a Javert; no, un simple reflejo: el hombre defendía su libertad, me pedía ayuda, lo ayudé (en la medida de las circunstancias)
¿Es necesario justificar, explicar un reflejo?
Si es necesario, una de las claves sería sin duda la palabra libertad, empleada más arriba.

Jehan MAYOUX.

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(“BIEF” nº 3). PREGUNTAS:

1º) ¿Desearía la desaparición total de la noche? ¿Del día?

2º) ¿Cómo se representa usted la llave de los campos?

3º) ¿En qué medida la certeza de un aniquilamiento de la especie humana, en un futuro relativamente cercano, transformaría su concepción de la vida?
(“BIEF” nº 5). RESPUESTAS:

1º) ¿Desearía la desaparición total de la noche? ¿Del día?

No es cuestión de tocar la noche; por el contrario, desearía que la noche fuese siempre como las de diciembre, que comienzan temprano (…). El día, es el sol de Carcassonne sobre las piedras; de Albi en los ladrillos; de la alta montaña sobre una rara vegetación; ese día, a ese día, perpetuamente lo echo de menos. Lo mismo que Dunkerque, desparecido bajo los ruidos y los escombros. El surrealismo se destaca (entre otras cosas), por la extremada atención que le presta a las variaciones de la jornada: un libro entero no alcanzaría para abarcar nuestro sentimiento personal.

Pierre DHAINAUT (Nord).
¡Que la noche dure por toda la eternidad de las cosas que ilumina! Pero que el día termine. Y con él su mundo de hombres de negocios, de comerciantes, de paseantes-para-hacer-la-digestión. Que el día termine para que los intimidados en sus habitaciones puedan salir a respirar, desenvolviéndose bajo las luces de neón y las claridades de la noche; para que los más mínimos estallidos de voces auténticas se abran camino en la noche resplandeciente. Y que la hora sea siempre tardía.

Jean-Pierre GRARD (Beauvais).
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2º) – ¿Cómo se representa usted la llave de los campos?

Como la hija del aire.

Sargento X… (S.P. 86-221, A.F.N.).

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3º) – ¿En qué medida la certeza de un aniquilamiento de la especie humana, en un futuro relativamente cercano, transformaría su concepción de la vida?

… Creo que me desprendería sin problemas de sentimientos e ideas que reconozco que me alienan y de los que todavía no me he desecho. Muy útil: un gran esfuerzo. Creo que sería justo vivir con, o frente a, este final muy próximo de la especie humana y de la tierra, por ejemplo.

Pierre DHAINAUT.
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(“BIEF” nº 4). PREGUNTAS:

1º) ¿Le ha sucedido retomar un sueño en el lugar donde lo había dejado, uno o varios días antes?

2º) ¿Existe un objeto o un fenómeno cuya visión sea susceptible de provocar un latigazo en su imaginación?

3º) ¿Cómo sucede que el corte practicado a cuchillo en una manzana, con la intención de dividirla en sus dos mitades, conduzca tan frecuentemente a una división análoga del cabo, lo que parecería tan improbable a primera vista?
(“BIEF” nº 6). RESPUESTAS:
1º) ¿Le ha sucedido retomar un sueño en el lugar donde lo había dejado, uno o varios días antes?

Muchas veces me ha sucedido, al cabo de un cierto tiempo, de retomar la continuación de un sueño inacabado; pero lo que me parece más interesante es el hecho de que mi espíritu haya creado paisajes y lugares totalmente imaginarios, a partir de ciertos elementos de un decorado real que haya podido vivir.

De tal manera llevo conmigo una cantidad de ciudades imaginarias (y, en particular, una ciudad subterránea donde todo existe solamente en función de una red alucinante de pasadizos y vías férreas análogos a los del metro), campiñas, montañas, playas, castillos que periódicamente voy a visitar y en los que vivo diversas aventuras, a veces totalmente diferentes, a veces repetidas (con matices apenas), continuaciones de antiguas historias soñadas, hace algunas semanas o incluso años.

Me sucede también de saber, mientras sueño, que estoy soñando, que el lugar en el que me encuentro ya me ha sido presentado en un sueño anterior, e incluso, con anticipación, cómo va a desarrollarse y finalizar la aventura que estoy viviendo en ese momento. Debo agregar que me parece que existen ciclos de aventuras referidos a cada lugar, aventuras que se retoman, corrigen o continúan unas en otras, en una atmósfera dominante particular (…). En mis sueños los temas de la luz del sol y del mar – el agua donde me zambullo con deleite– están estrechamente relacionados con la búsqueda consumada del paraíso recuperado.

Guy BEATRICE (Grenoble).

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Sí, me ha sucedido hace unos tres años. Soñaba que me encontraba en la casa de mis padres, en un cortijo.Sobre la era que se extendía próxima a la casa, había un magnífico granado, con unas hojas de un rojo muy vivo, brillantes como si fuesen metálicas y de frutos muy hermosos.

Un mes más tarde tal vez, soñé que me encontraba nuevamente frente a ese árbol. Pero había perdido sus hojas y no le quedaban más que las granadas. Entonces, claramente, recordé haberlo visto la última vez con sus hojas rojas y experimenté una extraña sensación de vacío, al mismo tiempo que todos mis sentidos estaban muy agudizados, procediendo como en una sobreimpresión.

Sólo un razonamiento crítico que desgraciadamente hice al despertar, me permitió comprobar que había soñado, porque tenía – y tengo todavía– emocionalmente la certeza de haber vivido esa escena.

René GARDIES (Montpellier).

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2º) ¿Cómo sucede que el corte practicado a cuchillo en una manzana, con la intención de dividirla en sus dos mitades, conduzca tan frecuentemente a una división análoga del cabo, lo que parecería improbable a primera vista?

No lo sé: ¿el otro lado del espejo?

Guy BEATRICE.
(“BIEF” nº 7). CONTRIBUCIÓN AL DOSSIER DE LOS SUEÑOS:

No recuerdo haber retomado un sueño que datase de uno o varios días atrás. Pero, desde la edad de ocho años, he tenido un sueño muy curioso que se continuaba cada dos o tres años. En ese momento tenía diecinueve años y este sueño ya se me apareció cuatro veces, respectivamente a la edad de ocho, once, trece y dieciséis años. Recuerdo incluso cada una de esas cuatro visiones en todos sus detalles y me parecen de una claridad increíble. No era un sueño muy enigmático, y es sobre todo su continuación, a través de intervalos largos y casi regulares lo que, creo yo, debe interesarles.

Se trataba de un viaje que siempre se estaba a punto de hacer a una isla tropical, lejana, desconocida. En los tres primeros sueños, siempre estaba acompañada por mis padres y nunca llegaba a desembarcar en la isla. La primera vez desandamos el camino a causa de una tempestad, el segundo sueño me dejó sola en el barco, esperando a mis padres que se habían escapado hacia la isla. Pero cuando soñé la vez siguiente, dos años más tarde, demasiado curiosa para esperar el regreso de mis padres, abandoné el barco y, transformándome en delfín, navegué hacia la isla. Al llegar a la playa, con muchas dificultades, inmediatamente me percaté de que no era la misma isla.

Por tres veces tenté lo desconocido sin alcanzar éxito alguno. En el cuarto sueño había partido sola, y sola, alcancé la isla misteriosa, silenciosa. Allí conocí un ser que (me parecía) era el espíritu de la isla, el espíritu de lo desconocido, de la aventura, del amor.

Winnie Ruth JUDD.
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(“BIEF” nº 5). PREGUNTAS:
ABANICO DE PRIMAVERA

1º) «¿Se puede modificar el hombre?», pregunta Jean Rostand. ¿Una modificación en nuestro armamento le parece útil? ¿Deseable? ¿Cuáles son sus sugerencias?

2º) En vida de Eluard, un coro de críticos consideraba a Aragon como excelente novelista y mediocre poeta. Se burlaba bastante de aquél que, para beber una copa, se colgaba del mostrador de los ojos de Elsa, amasaba los colores de Francia en el desaguadero de la calle Châ teaudun y hacía celebrar la vuelta de Thorez con guías de bicicleta. El lirismo, el verdadero, era Eluard quien lo encarnaba.
¿A qué atribuye usted la posternación de la misma crítica, ante el Aragon bruscamente devenido poeta? Al leer sus más recientes antologías, ¿piensa que se trata de un aspecto desconocido de la gracia poética, que hubiera alcanzado en recompensa uno de sus más mediocres capellanes, encanecido tras medio siglo de lucha? ¿O más bien le parece que hay allí una más sutil orquestación, destinada a poner en primer plano, por encima de las demás, la expresión de una subversión general (mental, moral, política, social), desde hace mucho tiempo perfectamente vaciada?
3º) ¿En qué medida está usted dispuesto a admitir el rol de las “fuerzas ocultas” en la explicación de los acontecimientos de la historia moderna?
4º) ¿En qué sueñan los abortos?
5º) ¿Qué representa para usted el “flechazo amoroso” y qué cambios es susceptible de aportar a su vida?
6º) ¿Puede, en su cuerpo, situar un lugar que le parezca ser el centro de su “yo”?
7º) Bien pronto aparentemente, gracias a la invención de un genio científico, será posible captar las voces de personas muertas hace mucho tiempo. ¿Usted hará oídos sordos o, por el contrario, existe una voz que le gustaría escuchar? ¿Y qué querría saber?
8º) En el sentido moral del término, piensa usted que la violación es condenable, o no?
9º) Designe los tres personajes históricos que usted considere más dignos para venir a reunirse con los que evocan los encantadores figurines «Mokarex» en las vidrieras de la calle «Sírvase usted mismo»:
1) En la serie: Revolución Francesa (que ya comprende a Danton, Desmoulins, Robespierre, Saint-Just, Marat, Fouquier-Tinville, David);
2) En la serie: Siglo XIX (que ya comprende a Hugo, Lamartine, Musset, Sand, Balzac, Dumas, Corot, Carpeaux, Offenbach).
¿En qué actitud y con qué adornos de ser necesario, o con cuáles atributos, les gustaría que estuviesen representados?
10º) ¿Qué papel juega el silencio en su vida?
(“BIEF” nº 7). RESPUESTAS AL ABANICO DE PRIMAVERA:

– ¿Qué representa para usted el “flechazo amoroso” y qué cambios es susceptible de aportar a su vida?

El reconocimiento instantáneo, natural hasta la evidencia, de las funciones complementarias de dos seres; los cuales, desde entonces, ya no podrían formar sino un todo absolutamente libre, en un instante indecible indefinidamente prolongado, traduciéndose en un asentimiento recíproco, tanto tácito como total, en un climax de plenitud que es directamente función de la presencia del otro, por otra parte integrado a mí mismo, en el curso de un acto donde la diferenciación entre el amor llamado carnal y el amor llamado platónico, es impensable.

También puedo hablar del “flechazo amoroso” merced a experiencias oníricas bastante frecuentes.

Es obvio que la vida se encuentra completamente convulsionada, porque las cosas ya no son percibidas bajo el mismo ángulo, sino bajo sus aspectos ocultos, lo que implica una comunión entre el hombre y el universo.

– ¿Puede, en su cuerpo, situar un lugar que le parezca ser el centro de su “yo”?

Sí, en todas partes.

– En el sentido moral del término, piensa usted que la violación es condenable, o no?

Sí, en la medida en que constituye un atentado contra la libertad, tanto de la persona violada como de la persona que desearía violar.

– Designe los tres personajes históricos que usted considere más dignos para venir a reunirse con los que evocan los encantadores figurines «Mokarex», en las vidrieras de la calle «Sírvase usted mismo»:
1) En la serie: Revolución Francesa;
2) En la serie: Siglo XIX.
¿En qué actitud y con qué adornos de ser necesario,o con cuáles atributos, les gustaría que estuviesen representados?

Sade, macizo, colosal, sin cuerpo y sin atributos.
Couthon, pintado en la proa.
Lazare Carnot, en forma de cuchillo.
Lautréamont, sin rostro, esbelto y severo en un traje verde.
Rimbaud, con los ojos vueltos hacia dentro.
Baudelaire, su esqueleto bien vivaz.

– ¿Qué papel juega el silencio en su vida?

Determinante. Sólo en el silencio o en el más ensordecedor de los tumultos, lo que vendría a ser lo mismo, es donde verdaderamente uno se puede “comunicar”, íntimamente, con el exterior.

Guy CABANEL.

…………………………………………………………………………………….

(“BIEF” nº 6). PREGUNTAS***:
1º) Si se le ofreciera la ocasión, ¿aceptaría cambiar de sexo a intervalos regulares, un día cada siete por ejemplo? ¿Qué haría entonces?

2º) Si tuviera la oportunidad de organizar una propaganda importante en favor del malthusianismo demográfico, ¿sobre cuál de los temas siguientes recaería su elección y por qué: difusión de productos anticonceptivos, incitación a la continencia, promoción de la sodomía heterosexual?

3º) La muerte: ¿macho o hembra?
Traducción: Juan Carlos Otaño.
***[Esta encuesta no tuvo respuesta porque, después de las respuestas al cuestionario del “Abanico de primavera” (nº 7), las encuestas dejaron de aparecer en “BIEF” – N. del Tr.].
(*) Bief, «Jonction surréaliste», nº 1 al 12, 15 de noviembre de 1958 al 15 de abril de 1960. Director: Gérard Legrand; secretario de redacción: Jean-Claude Silbermann; editor: Le Terrain Vague. Boletín oficial del grupo surrealista.

“La acción transcurre en el jardín…”

11oLa acción transcurre en el jardín de la casa, en la calle de Grenelle. Situado detrás de una ventana cualquiera, percibo en este jardín a tres generales, entre los cuales se distingue el general Gouraud. Mirándolos con mucha atención me encuentro ahora en una pieza de la casa, más abajo, que no comporta como abertura más que un ventilete enrejado, a ras del suelo. Yo tomo una browning y disparo, a través de este ventilete, sobre el general Gouraud, a quien mato limpiamente. Cae a tierra, rígido, con la cara hacia delante, y los otros dos generales (llevan entonces sus vestimentas, casquete, condecoraciones, sable, etc….) se precipitan sobre su cadáver, lo levantan y lo llevan fatigosamente hasta este ventilete a través del cual acabo de disparar, abertura de un subsuelo en el que ya no estoy. El cuadrado del respiradero ha sido hecho pedazos por el disparo del revólver, y es por la estrecha abertura así practicada, que el general Gouraud es introducido en el subsuelo. Los otros dos oficiales se alejan rápidamente. En ese mismo instante, me encuentro transportado hacia una habitación del piso superior, como coartada .

El aparato de justicia se pone en movimiento. Vive en esta casa un número enorme de policías y jueces de instrucción. ¿Quién ha tirado? ¿Quién ha depositado el cadáver en el sótano? Se sabe que yo estaba en la casa, se me interroga. Naturalmente, niego todo en lo esencial, no comprendo nada. Pero he aquí de qué forma: afirmo haber estado en la pieza desde donde partió el disparo en el momento en que se disparó; lo he visto todo, pero no he comprendido nada, entonces nada he hecho . ¿Por qué mataría a un general de esta manera absurda? Precisamente porque soy el único en afirmar que estaba en la pieza de donde se había disparado (mientras que los «testigos» pretenden haberme encontrado en otro lugar de la casa). No se me cree. Tengo el temor constante de que no se deduzca que yo solo haya podido tirar; pero por el contrario, cuanto más avanza la investigación, cuanto más se afirma la certeza de que sólo yo estaba allí , menos se me acusa -siendo tan evidente que un hombre solo no podría participar de una acción objetivamente definida. Para la consideración formal de este caso, se trata de la duda aportada por el hecho de que en el momento en que el cadáver militar era introducido en el subsuelo, yo me encontraba en una habitación situada en el piso superior. De allí se desprende que aunque yo sea fatalmente el culpable, aunque todo el mundo me tenga por sospechoso, nada permite acusarme, condenarme.

¿Por qué surgiría de pronto una solución? Tal parece que un serbio o un búlgaro, habiendo tenido de qué quejarse del general Gouraud en Oriente, se habría vengado. ¿Pero cómo ha podido entrar allí? ¿Por qué un serbio cuando hay tantos militares franceses? Y porque yo sé, con toda certeza, que yo soy el culpable .

La conquista de lo maravilloso

Hay una palabra que circula profusamente en nuestros días y que parece encerrar el secreto de la revolución artística de nuestro tiempo. Se la pronuncia con raro fervor y se le asigna un sinnúmero de significados ignotos; contiene, latente, todo lo inexplicable para el hombre. Esta palabra, lo maravilloso, no es, sin embargo, nueva. En lo antiguo se aplicó para designar un tipo de literatura en la cual, la fantasía, esa manifestación de la libre fuerza creadora de la imaginación, inventaba un mundo de seres y cosas fuera de las leyes naturales. Según esta acepción, lo sobrenatural sería la característica más destacada de lo maravilloso, pero lo sobrenatural que resulta de la acción libre del espíritu. Este tipo de sobrenatural, aunque habitando fuera del mundo considerado como real, encontraba natural aceptación en la imaginación de todos los hombres.

Pero no acaban allí los significados de la palabra maravilloso: el sentir académico ha recogido la idea popular de que maravilloso es todo hecho o cosa fuera de lo común que provoca admiración . En esta definición, lo maravilloso se presenta como exterior al sujeto, formando parte del mundo objetivo, real. Pero si se la analiza con detención, aparecen claramente en ella dos elementos: en primer lugar, el hecho insólito, exterior, real; en segundo lugar, un sujeto con capacidad de admiración. No basta, por lo tanto, para calificar a un hecho de maravilloso su característica de ser poco común; esta designación no cabe si ante él permanecemos indiferentes; para poderlo clasificar como tal, debe sentir el espectador al contemplarlo un movimiento positivo del ánimo: la admiración. Pero ésta no representa una simple apreciación intelectual, no es una manifestación puramente valorativa; debe consistir en una impresión profunda que abarque la totalidad del espíritu, un suspenso del ánimo, que resulta inundado por lo que contempla, un estado, en fin, de completa exaltación. Esta agitada presencia interior da a lo maravilloso su verdadero carácter; lo meramente pintoresco, lo inesperado, lo nuevo, cuando no poseen dicha característica, no se incluyen en el dominio de lo maravilloso.

Si analizamos los dos aspectos que presenta el fenómeno en estudio vemos que, tanto en el primero -donde es libre creación de la fantasía- como en el segundo -donde es presencia interior de un objeto del mundo real- siempre el papel fundamental lo desempeña el sujeto; en ambos casos lo maravilloso es una exaltación total de los componentes espirituales del ser, una entrega absoluta sin reservas.

Esta tradicional significación de lo maravilloso se ha enriquecido considerablemente en el mundo moderno; más bien dicho: el conocimiento de ese curioso fenómeno ha avanzado de modo notable en profundidad y en extensión; han aparecido sus detalles, tenemos idea de su estructura, hemos ampliado sus dominios. Desde el terreno del arte ha invadido todas las actividades humanas. Ha abandonado su antigua ubicación en el mundo de lo quimérico, lo irreal, para situarse plenamente en la realidad y hoy sabemos que lo maravilloso es un fenómeno que surge en el momento preciso en el cual el espíritu del hombre abandona su secreta habitación interior para incorporarse concretamente a la realidad.

Anatomía de lo maravilloso

Acabamos de mencionar los dos significados que se asigna a la palabra maravilloso desde épocas remotas. En estos dos significados están también resumidas todas las posibles manifestaciones de lo maravilloso en el presente. Hay casos en que se revela como acción de la fantasía libre, sin aparente conexión con lo externo; se trata de lo maravilloso como creación; en otros, es la totatilad del espíritu la que se enfrenta con un elemento exterior estableciendo con él una conexión exaltada: aquí lo maravilloso aparece como descubrimiento. Estos dos aspectos fundamentales, raramente se muestran en forma pura, más frecuentemente se mezclan o ensamblan de modo tal que bien puede decirse que en todo fenómeno maravilloso participa a la vez el factor de creación y el de descubrimiento.

Lo maravilloso como trascender del individuo

El fenómeno que parece esencial en el proceso de lo maravilloso es el impulso de trascender de los límites individuales, de exteriorizarse: el sujeto quiere proyectar su espíritu hacia el mundo real. En el caso de la fantasía creadora, aparece claramente la intención de exteriorizar el mundo mítico o de convertir en objeto real el producto de la elaboración interior. Cuando en lo maravilloso prevalece el factor descubrimiento, parecería que el motivo exterior desempeña el papel fundamental; pero en realidad constituye sólo un pretexto: el proceso se desarrolla esencialmente en el sujeto; el estado de exaltación, de arrobamiento, el impulso del espíritu hacia el objeto, dan, en este caso, su verdadero sello a lo maravilloso. El objeto representa tan sólo el pretexto utilizado por el sujeto en su necesidad de trascenderse.

La exteriorización del sujeto, es, pues, el acto concreto que conduce a lo maravilloso, sea que utilice para ello un pretexto exterior, y entonces se denomina descubrimiento, sea que resulte de un acto puro del espíritu en el que éste inventa ago hasta entonces no conocido. Esta creación pura se incorpora al mundo como realidad concreta, sea en forma de acto de vida, sea como producto artístico, sea como mito.

El momento en que lo maravilloso se incorpora a la realidad es aquel en que puede ser aprehendido por los otros. Este manifestarse a los otros constituye el sello inconfundible de que lo maravilloso ha completado su ciclo, ha logrado realizarse plenamente.

La necesidad de trascender aparece, pues, como característica fundamental de lo maravilloso; pero se trata de un trascender que arrastra tras sí al individuo, sin abandonarlo jamás. El individuo es marca indeleble que queda en lo maravilloso; después podrá éste pasar a ser patrimonio de todos, pero mientras perdure en su condición de tal, contendrá en sí al espíritu que lo ha engendrado. Si este espíritu lo abandona o se pierde, el objeto deja de ser maravilloso; entonces se petrifica y se confunde con el mundo convencional, adquiere la inmóvil trivialidad que caracteriza a los objetos de este mundo.

Que lo maravilloso contenga al individuo parece una limitación, pero es en realidad su fuerza: contiene aquella parte del individuo que ansía ser universal, su aspiración máxima; su deseo infinito, y esto sólo puede darse de modo concreto en la unidad, en lo individual.

Lo maravilloso como aspiración hacia un arquetipo

Si analizamos el impulso que obliga al individuo a trascenderse, observamos que es una necesidad que lo lanza sin tregua hacia lo desconocido, lo nuevo. Una vez poseído lo que ansía, el espíritu lo abandona para lanzarse más allá y cuando las puertas de lo desconocido en lo externo aparecen cerradas busca en su interior lo nuevo para proyectarlo en el mundo. Parece que buscara algo inalcanzable con que completarse a sí mismo, algo situado en un camino concreto pero cuya meta fuera infinita. Presa de una avidez sin límites el espíritu parte de sí mismo buscándose a sí mismo. Se busca en la infinidad del espacio y del tiempo; persigue su yo ideal que encuentra confundido con el universo. Marcha hacia su arquetipo que es, en último extremo, sólo un realizarse sin término. En ese trascender del individuo se procura de su modelo ideal, se comprueba que la imagen esencial de tal modelo yace en la propia intimidad del sujeto, pero que no adquiere existencia mientras no se realice en una forma exterior.

El fundamento de lo maravilloso está en esa aspiración hacia un modelo infinito y concreto al mismo tiempo, real y fluente, reconocible ante todo por la intensidad de la exaltación interior. El proceso de lo maravilloso es una marcha sin término, y en ella se resume toda la historia del hombre, su camino específico como ser que existe. Su traducción en la historia podría denomonarse progreso, es decir un avance interminable, una sed, que no se apaga, por lograr la posesión de la realidad, que le significa realizarse plenamente en su condición de hombre; porque conquistar la realidad equivale, como ya dijo Espinosa (1), a conquistar la perfección.

La concepción de modelos ideales prospectivos trae al pensamiento inmediatamente, la idea de Dios. Pero la concepción teísta, al inmovilizar el modelo ideal prospectivo, al petrificarlo, detiene el impulso del hombre hacia él. Dios es para la religión un ser de independencia absoluta, y, estando en sus manos la suma de perfección, nada queda al hombre por alcanzar. Este último aparece, entonces, rodeado de una inmensa nada en la que su infinita pequeñez no tiene salida. El impulso hacia lo maravilloso es destruido por la religión. El hombre queda reducido a su angustiosa soledad sin esperanza y todos los galimatías religiosos no lo podrán curar de esa desconexión con el universo. Lo maravilloso, en cambio, le enseña la salida de su soledad de individuo, le hace participar en las cosas del mundo, le descubre su unidad con el cosmos. Los modelos ideales prospectivos son alcanzables infinitamente, porque están a la vez dentro y fuera del hombre.

Relaciones entre lo maravilloso y lo real

Guiado por lo maravilloso el espíritu no busca lo desconocido en un mundo vacío sino que lo hace en la misma realidad aparente que lo rodea. La realidad sensible en un velo detrás del cual está lo desconocido. El objeto elegido puede ser cualquiera, lo esencial está en el espectador que lo sacude, que arranca su máscara inmóvil y descubre su camino infinito; entonces el objeto se entrega a la imaginación en un sometimiento que aspira a ser fecundado. Así, de objeto común se convierte en extraordinario y lo cotidiano deja paso a lo insólito. Estas características fueron las que sorprendieron como más llamativas a los primeros investigadores de lo maravilloso; por ello se le confundió con lo sobrenatural; pero lo maravilloso quiere ser lo verdaderamente natural, por oposición a la realidad convencional que es tan sólo lo falsamente natural. La conquista de lo maravilloso se convierte en definitiva en la conquista de la realidad, pero de la realidad absoluta y última. Los llamados positivistas, no admiten más que la realidad convencional, es decir la apariencia perecedera y transitoria; quieren vivir el instante real, que es inasible porque se convierte inmediatamente en pasado; así construyen un sistema de realidades muertas, que, al estar petrificadas, dan la ilusión de la permanente. Adorando ese gran cementerio en descomposición, fabrican estatuas, símbolos de una realidad inmóvil de espaldas a lo futuro,a lo que fluye infinitamente. Si se volvieran repentinamente, descubrirían que toda realidad poseída descubre una nueva realidad por poseer, y así en escala inagotable. La sed de lo maravilloso es, en definitiva, una sed insaciable de realidad (2)

El principio de libertad como condición fundamental de lo maravilloso

El fenómeno del azar

Una aparente indeterminación rige el destino de lo maravilloso. No hay norma exterior que determine su impulso, supeditado siempre a la libre elección. Sólo aquel factor exterior que esté de acuerdo con la esencia íntima del espíritu permitirá la aparición del fenómeno. La libertad es, por lo tanto, condición imprescindible en la conquista de lo maravilloso; libertad en pugna con el mundo de lo determinado, de lo convencional. Ella brota, según el concepto de Schelling, del propio interior del sujeto “conforme a la ley de identidad y siguiendo una necesidad absoluta, que es también la libertad absoluta; pues sólo es libre lo que actúa de acuerdo con su esencia propia sin ninguna otra determinación ni exterior ni interior” (3).

En relación con el principio de libertad se encuentra el fenómeno del azar, que sitúa al espíritu libre frente a lo aparentemente inesperado. El azar, como dice Emile Borel (4) “no es la negación de la ley, sino la revelación de nuestra ignorancia de ciertas leyes”. Al valorizar el fenómeno del azar como fuente de lo maravilloso, el espíritu reconoce en él la existencia de leyes más profundas, todavía no accesibles a la razón. El azar nos coloca en el camino de todos los grandes descubrimientos; representa la derrota de lo previsto, de lo convencional y nos conduce de la mano al gran universo de lo desconocido. El azar nos acecha a cada paso, pero sólo cuando el espíritu está preparado para reconocerlo, aparece el hecho maravilloso y desde entonces el mundo se transforma. Para reconocerlo, nuestros ojos deben estar cargados de deseo, nuestro espíritu, alerta, en estado de grave expectación, pues ya lo dijo lúcidamente Heráclito: “Si no esperáis lo inesperado no lo encontraréis”. En lo maravilloso el azar adquiere una importancia que podría definirse invirtiendo la “ley única del azar”, enunciada por Borel, que dice: “Un acontecimiento de probabilidad suficientemente pequeña, debe considerarse prácticamente como que no se producirá jamás”. En lo maravilloso la ley sería: “El espíritu debe estar preparado exclusivamente para recibir los casos de probabilidad muy pequeña”. Esta ley de lo maravilloso abre las puertas al progreso infinito.

Dialéctica de lo maravilloso. Oposición del mundo convencional al mundo maravilloso

Vivimos en un mundo mágico, pero hemos perdido la capacidad de verlo. Desde temprano se nos enseña a construir una realidad convencional, se nos imparten normas de vida convencionales, detrás de las cuales se oculta lo verdadero que nos rodea. Lo maravilloso habita el mundo circundante, está al alcance de nuestras manos pero no podemos verlo: nos lo impiden el cúmulo de inhibiciones que constituyen el mundo convencional. Se establece así la oposición entre ambos mundos: el convencional y el maravilloso, que se traduce por una lucha enconada en el terreno de la sociedad y del individuo mismo. Lo maravilloso, al orientarnos hacia lo desconocido significa el riesgo, la incertidumbre, la inseguridad. Lo convencional, en cambio, al limitarnos, al trazarnos rumbos, nos da seguridad. Ambos representan, pues, visiones opuestas y en lucha permanente. El mundo convencional ha organizado la realidad para el vivir cotidiano sobre la base de la seguridad, de la eliminación del riesgo, la incertidumbre y lo fortuito: para lograrlo, encierra al hombre en una jaula a cuyos monótonos decorados llama mundo real y designa con el nombre de libertad la posibilidad de moverse dentro de sus estrechos límites. El principio de lo convencional invade todos los terrenos, incluso el de lo maravilloso, y utiliza para sus fines el mecanismo de petrificación. Procede en el dominio del conocimiento petrificando las hipótesis y entonces las transforma en dogmas, y en el dominio de lo maravilloso petrificado los mitos con los que obtiene la religión.

Así el mundo convencional, al intentar dar una seguridad al mayor número de seres, al congelar el fluir inagotable del conocimiento y de la creación del hombre, se convierte en el mayor enemigo de lo maravilloso. Situado en ese mundo convencional transcurre la existencia del hombre, en la cual todo está previsto, salvo la incertidumbre por el propio subsistir. Se traslada lo incierto al plano angustioso de la lucha por la vida y cierran al hombre todas las rutas de la imaginación. La consigna del mundo convencional es subsistir a cualquier precio y así adquiere el derecho a una vida sórdida. Pierre Mabille (5) ha expresado agudamente la urgencia de fugarse en lo maravilloso: “El hombre quiere ser sustraído a las condiciones sórdidas de la vida cotidiana para ser transportado a un mundo tallado a la medida de sus deseos”.

En verdad la idea de fuga de la realidad no es la que expresa exactamente el impulso de lo maravilloso; éste es un movimiento positivo, su mecanismo es natural en el hombre y se lo encuentra en toda su pureza en el niño y el primitivo. La imposición de lo convencional aparece gradualmente y empuña para dominar, la necesidad de subsistir. Se establece entonces la lucha entre la vida sórdida y la vida maravillosa; la inseguridad que significa esta última doblega paulatinamente al hombre, que llega en distintas épocas a una autodestrucción de lo maravilloso. En el artista, el revolucionario, el hombre de ideales, suele observarse este proceso. Giorgio de Chirico, explorador en su juventud, de lo maravilloso, renuncia y abomina de él más tarde. El mismo camino han seguido muchos revolucionarios convertidos en reaccionarios. Otros individuos, ahogados por la sordidez de lo convencional, han seguido el camino opuesto y un día han sacudido su mundo cotidiano para sumergirse en lo maravilloso: es el caso de Gauguin. Lograr la conservación del mecanismo de lo maravilloso desde la niñez hasta la edad madura representa una de las luchas más cruentas en la existencia del hombre. El individuo común abandona inmediatamente sin lucha, el hombre de excepción, entre los que resalta el artista, trata de escapar perseguido por toda la sociedad. En esa fuga utiliza todos los subterfugios, cuando en la lucha directa peligra su existencia. Otras veces lo vence la miseria, la locura, el suicidio, castigos que utiliza la sociedad contra el audaz que persiste en el sueño de todo ser humano hacia su plena realización.

La ocultación de lo maravilloso ha sido el recurso habitual utilizado por el hombre. Así surgieron las doctrinas secretas, las sectas ocultas, la enseñanza hermética. Pero la lucha contra el mundo convencional, ha sido más directa en muchos casos. Generalmente ha tomado la forma del humor, desarrollando entonces su más aguda agresividad. En Swift, en Lautréamont, en Kafka, se encuentran esquematizados estos distintos tipos de humor agrio, revelación de la lucha contra la realidad convencional en la que enarbolan su haz de sueños, sus deseos de un mundo mejor. En el curso de la primera guerra mundial apareció en Zurich el primer movimiento organizado en contra de la realidad convencional, se llamó movimiento Dadá y sus consecuencias fueron fecundas, en muchos sentidos, en pro de una liberación del hombre. De él surgió el surrealismo, que además de la posición negadora de lo convencional, tomó una posición positiva de defensa de lo maravilloso. Paralelamente al surrealismo otros grupos de artistas sufrieron fecundamente la influencia de Dadá.

En filosofía la lucha más violenta contra el mundo convencional fue conducida por Nietszche.

Lo maravilloso es a la vez individual y universal

La universalidad es característica de lo maravilloso, pero entendida como que todos los hombres poseen específicamente el mismo impulso, el cual es universalmente comunicable. Comunicabilidad significa posibilidad de expresión y no debe confundirse con comunidad del impulso. Lo maravilloso es individual en su esencia y universal en sus resultados.

Lo maravilloso debe entenderse referido siempre a la unidad hombre y lo universal a la suma de unidades hombres que participan en determinado momento. El proceso de lo maravilloso se realiza específicamente en cada hombre y en los grandes movimientos colectivos orientados hacia ese fin la apariencia de comunidad la da el hecho de que lo maravilloso constituye un proceso extraordinariamente contagioso. Podría comparársele a una llama que encendiera al mismo tiempo la porción combustible de todos los individuos. Visto de lejos aparece entonces como una inmensa hoguera, pero al aproximarse resultan una multitud de llamas individuales, con infinidad de matices diversos. Por eso no participo de la opinión de Mabille que considera a lo maravilloso colectivo como lo fundamental y a lo maravilloso individual sólo como una debilitación o degeneración. Sólo existe lo maravilloso individual que tiene, eso sí, una tendencia irresistible a la comunicabilidad, a la contagiosidad, que alcanza frecuentemente a exaltar con la misma intensidad a todos los miembros de una comunidad, pero en la cual cada uno responde al llamado encendiendo la propia llama en la que arde su auténtico yo. No existe fusión de impulsos sino suma, y en esa verdadera armonía sinfónica, el oído alerta puede reconocer las distintas voces unidas apasionadamente para dar el gran espectáculo del concierto universal. Para contribuir al lenguaje común de lo maravilloso, ha surgido el mito, expresión simbólica de esa aspiración.

Lo maravilloso ha participado así, de modo fundamental, en la creación de los mitos y leyendas. El folklore representa la tendencia popular en ese sentido. En el mito el mundo de lo maravilloso adquiere una organización coherente supeditada al espíritu creador del hombre. En esta forma lo maravilloso adquiere validez universal, se fija en símbolos y se convierte en comunicable.

La aspiración hacia lo maravilloso ha creado su propio mito donde logra su expresión simbólica. Este mito se repite en todas las tradiciones legendarias. El símbolo de la búsqueda de lo maravilloso aparece en la leyenda griega del vellocino de oro y en la germánica del anillo de los Nibelungos. La literatura oriental nos ofrece el símbolo de la lámpara de Aladino y las leyendas cristianas medievales, el Santo Graal. Ejemplos similares se encuentran en todas las tradiciones religiosas, en la obra de los iluminados y los místicos, en los poetas y escritores fantásticos. Los alquimistas simbolizaron lo maravilloso en la piedra filosofal. Pero el símbolo más perfecto se descubre en la leyenda griega del laberinto, donde todas las condiciones del proceso de lo maravilloso están dadas: el minotauro representa el mundo de convenciones que nos impide alcanzar lo maravilloso, el laberinto es el espectáculo del misterio en el que tenemos que penetrar y que desconcierta a nuestra razón; en el hilo de Ariadna reconocemos la ligadura que al lanzarnos a lo desconocido nos mantiene unidos a nuestra propia individualidad. Ícaro es el ejemplo de la búsqueda de lo maravilloso por el falso camino de Dios: el sol-Dios destruye al hombre que se acerca a él.

Hemos visto cómo el carácter universal de lo maravilloso está dado por la suma de momentos simultáneos y por la utilización de un lenguaje común que se ejemplifica en los mitos. En los grandes movimientos colectivos revolucionarios, lo maravilloso se revela como agresión contra la realidad convencional, como el deseo primitivo y desordenado, de espíritus no preparados, de destruir la vida sórdida. Es la gran sed de lo maravilloso oprimida durante siglos, que se despierta tumultuosa y se lanza a destruir a sus opresores; actúa de modo ciego, confundiéndolo todo hasta llegar a destruirse a sí misma y a sus propios símbolos. El acto de lo maravilloso, se cumple, pues, de modo concreto en el individuo, aunque la tendencia a lo maravilloso, siendo específica del hombre tiene un valor universal. La utilización de un lenguaje común, de símbolos de validaz general, crea el peligro de la petrificación de estos símbolos, produciéndose entonces el fenómeno religioso. En este momento el símbolo corta su unión con el hombre y se independiza para formar parte del rígido mundo convencional. La religión constituye una desviación de lo maravilloso que tiende a anularlo. La necesidad de trascender del hombre origina en primer término la idea de Dios, que está expresada exactamente en la definición que dio Feuerbach: “Dios es la proyección del hombre en el infinito”. Después el símbolo Dios se independiza del hombre y lo somete, aniquilando en él toda posibilidad de trascender, anulando su capacidad creadora, convirtiendo su orgullo en humildad. Le habla de libre albedrío, y al mismo tiempo le impone normas rígidas, amenazándole con horrendos castigos si se separa de ellas.

El instrumento de lo maravilloso

La imaginación es el motor de lo maravilloso que impulsa al espíritu, como totalidad, a trascenderse. Mientras la imaginación elabora los materiales interiores que han de producir lo maravilloso y queda recluída en los límites del individuo se produce el fenómeno del sueño o el ensueño. Hasta ese momento no existe lo maravilloso. Los productos de su elaboración deben trascender para dar lugar al fenómeno. El sueño que no se realiza no contiene lo maravilloso. Este nace en el momento en que el sueño se incorpora a la realidad, se hace concreto y puede ser aprehendido por otros. Al trascender de los límites del individuo lo maravilloso nace para el mundo. Representa la necesidad de retornar a la sustancia madre de las antiguas cosmogonías (6).

La razón juega un papel pasivo en el proceso de lo maravilloso; carece de la videncia que le permite caminar en la gran oscuridad de lo desconocido; carece de la capacidad de vuelo, de creación. Su misión es ordenar lo conquistado por la imaginación, fiscalizar, a veces, el gran torrente irracional que descubre y crea.

Lo maravilloso es específico del hombre

La exaltación total de las potencias del espíritu, el esfuerzo por trascender del individuo en la dirección de modelos ideales perfectos, la conexión simpática con el resto del universo, que hemos considerado características de lo maravilloso, son atributo exclusivo del hombre; en ellas reside su capacidad de crear y de descubrir, de penetrar la realidad y de fecundarla. Los elementos de la razón se encuentran, aunque en forma redimentaria, en el resto del reino animal; el sentido de lo maravilloso es exclusivo del hombre; por él se individualiza como especie, se eleva a la más alta jerarquía viviente, revela su esencia divina. La conquista de lo maravilloso significa la conquista de su propia calidad humana, en pugna con los elementos contradictorios que tiendan a animalizarlo.

DISTINTOS ASPECTOS QUE SE VINCULAN CON LO MARAVILLOSO

Lo maravilloso y lo desconocido

Lo maravilloso y lo desconocido no son conceptos equivalentes. Aunque el campo de acción de lo maravilloso está en lo desconocido, éste tiene en nuestro caso una acepción distinta de la corriente. El mundo convencional es complejo y vasto y algunas de sus zonas pueden aparecer oscuras en determinado momento para nuestro espíritu. Ese señor, cuyo tafanario se apoya delicadamente en un banco de la plaza, es desconocido, pero su contemplación no despierta en modo alguno el mecanismo de lo maravilloso. Para que lo desconocido despierte el impulso de lo maravilloso, debe determinar en el sujeto aquella exaltación que constituye su sello inconfundible. Sin embargo, en ocasiones, lo desconocido, por su carácter de novedad, tiene una fuerza de sorpresa que a primera vista puede inducir a confusión. Pero la diferencia surge cuando nos acercamos, pues, cuando no se trata de lo maravilloso, vemos cómo, en un instante, se torna conocido, archisabido, incorporándose de un salto a su mundo, el mundo de lo convencional. La decepción sustituye, entonces, a la sorpresa; la exaltación falta.

Pero lo maravilloso puede dejar de serlo: es el acto por el cual lo desconocido se transforma gradualmente en conocido y se incorpora al mundo convencional; por este hecho se explica la antigua tendencia a conservar secreto el descubrimiento de lo maravilloso (doctrinas y sectas herméticas), para mantenerlo alejado de la contaminación de aquellos enemigos que tienden siempre a petrificarlo, a vaciarlo de contenido. Otra razón es que lo maravilloso tiene tendencia natural a agotarse, de ahí la constante necesidad de renovación, la sed inagotable de novedad que manifiesta.

Lo verdaderamente desconocido nos rodea por todas partes, flota inconmensurable detrás de la cortina de lo cotidiano. Cada cosa conocida oculta, detrás de sí, un mundo por conocer donde habita aquel misterio que despierta la estupenda avidez del espíritu. Basta correr la cortina de lo convencional y nos encontramos sumergidos en un mundo maravilloso que no tiene horizontes, un mundo que se confunde con los sueños del hombre, donde transita libremente la esperanza. Es un mundo que espera el impulso que no se detiene, la aspiración infinita y les ofrece la probabilidad de materializarse. Así, impregnando la realidad que nos rodea, penetrándola y aniquilándola, casi al alcance de nuestros dedos, está lo maravilloso cotidiano.

Relaciones de lo maravilloso con lo enigmático

Lo enigmático es aquello cuyo sentido nos parece oscuro y difícil. Se dirige solamente a ña comprensión, al mecanismo racional. Es el hecho oscuro para el entendimiento, pero que no arrebata; pone exclusivamente en juego el mecanismo de la razón; la totalidad del ánimo queda, por lo tanto, excluída; el factor de exaltación falta. Lo maravilloso, en cambio, no excluye la razón, pero en el momento en que surge, aquélla queda suspendida, el espíritu se conmueve como totalidad confundiéndose en apasionado contacto con el hecho maravilloso. En el lenguaje popular se suele confundir lo enigmático con lo misterioso. Nada más erróneo: lo enigmático nada tiene que ver con lo misterioso, su esencia es fundamentalmente lúdica, considerando el juego como eutrapelia, como distracción intrascendente o, a lo más, como recurso intelectual del cual se excluye todo asomo de emoción, de fervor.

Relación de lo maravilloso con lo misterioso

Lo misterioso podría, quizá, definirse como la quintaesencia de lo enigmático, su extremo límite. Comprende lo totalmente inaccesible a la razón. Su dominio está por lo tanto en la esfera de lo irracional, fuera de la comprensión consciente. En la religión se llega a él por la fe, pues su comprensión está sólo al alcance de la mente de Dios, es racionalmente inaccesible al hombre. En el universo que nos rodea, aparece el misterio laico totalmente opuesto al misterio religioso: está constituído por el vasto dominio en el que la mente humana todavía no ha penetrado. En ese dominio actúa lo maravilloso. De aquí se deduce que las relaciones entre el misterio y lo maravilloso son estrechas. El misterio es exterior al yo, es el mundo inexplorado y secreto.

En el umbral de ese mundo se detiene la razón, pero la imaginación avanza y penetra. En contacto con el corazón del misterio surge lo maravilloso, unión del espíritu y el universo secreto. Entonces lo oscuro se torna claro.

Los poderes irracionales del espíritu guiados por la imaginación toman contacto con lo misterioso a favor de los nombres más diversos: adivinación, intuición, fe, etc. Sólo en el clima del misterio nace lo maravilloso. Pero sólo en el misterio laico. El misterio religioso es totalmente inaccesible al hombre, el misterio laico es sólo transitoriamente inaccesible a la razón.

Lo maravilloso constituye, pues, la iluminación del misterio. Su claridad es tal que, a quienes lo experimentan ya desde antiguo se les llamó iluminados. El acto de penetrar en el misterio es un acto verdadero del conocimiento.

El misterio ha sido siempre motivo de exaltación y se lo consideró en toda época territorio de pocos elegidos; se pensó que penetrar en él con otras armas que no fueran las de lo maravilloso, era profanación. Los ritos secretos en los que se daba la investidura de iniciación formaron los misterios antiguos entre los cuales se destacó el de Eleusis. La iniciación permitía entrar en el mundo del misterio que era el mundo de la sabiduría. El objeto de estos misterios era “llevar las almas a su principio, al estado primitivo y final” (7).

Relación de lo maravilloso con lo milagroso

El milagro representa una subversión de las leyes naturales, cuyo origen está en Dios, fuerza exterior al hombre. Este último no participa en el milagro, simplemente lo soporta, y al simbolizar el milagro el poder creador, desplaza definitivamente al hombre de tal poder. El milagro altera la ley porque proviene de una voluntad arbitraria, sin ley. Lo maravilloso, en cambio, reconoce una ley y quiere descubrirla. El milagro es sobrenatural, lo maravilloso natural. Esta última afirmación parece paradójica si se tiene en cuenta el carácter de extraordinario, de insólito, que hemos admitido para lo maravilloso. Pero se comprenderá fácilmente si se recuerda que escapa a lo común en cuanto no pertenece al mundo de lo convencional, con el cual la gente se maneja en la vida diaria, pero es natural en cuanto obedece a las grandes leyes de la naturaleza y se mantiene en el plano de la armonía cósmica.

En resumen: en el milagro el hombre queda sometido, el poder creador corresponde a Dios; lo maravilloso devuelve este poder al hombre. Mientras lo milagroso empequeñece al ser humano, lo maravilloso lo agranda.

Relaciones de lo maravilloso con lo fantástico

Lo fantástico abarca las creaciones del espíritu que no tienen realidad. La imaginación totalmente libre, lanzada a la invención de cosas y seres totalmente irreales, recibe el nombre de fantasía. Esta actúa directamente contra el mundo convencional, creando un mundo ideal que lo supera; a la sordidez de lo cotidiano opone la elevación de lo fantástico. En esta lucha dialéctica con el mundo convencional está el momento en que la fantasía toca lo real. Cuando el misterio no se presenta espontáneamente, la fantasía lo crea. Pero nunca la fantasía está totalmente desvinculada de las cosas, siempre sigue las grandes leyes secretas que el espíritu presiente. Las expresa de un modo simbólico. Así surgen las leyendas y los mitos en los que se expresa un conocimiento arcano. Siempre lo fantástico, cuando participa de lo maravilloso aspira a exteriorizarse en el mundo real, a mezclarse con él.

El término fantástico, de uso casi exclusivo en literatura, ha servido últimamente para encubrir y jerarquizar una especie literaria de intención modestamente eutrapélica, cuya manifiesta intrascendencia, nada tiene que hacer con lo maravilloso. Día a día esas características se han acentuado, de modo tal que hoy se designa con el nombre de literatura fantástica una suerte de relato pretencioso y pobre, fabricado con recetas de la baja cocina literaria, que pretende demostrar la nadería de lo maravilloso, al ofrecernos un producto desmañado y sin fervor.

Relaciones de lo maravilloso con el sueño y el ensueño

Desde tiempos remotos se supuso que los sueños están en contacto con el mundo invisible; de ahí su prestigio vaticinador que las antiguas doctrinas secretas aceptaban.

En el mundo moderno Freud ha efectuado el análisis de los sueños, proclamando su carácter simbólico -ya antes aceptado- y su significado como expresión de los deseos reprimidos. Siendo el deseo en su sentido general el germen donde nace lo maravilloso, el sueño -como la fantasía y el ensueño- expresa la lucha contra la realidad convencional, la búsqueda de nuevas formas de realización.

DIVERSAS EXPRESIONES DE LO MARAVILLOSO

Se encuentra la marca de lo maravilloso en toda actividad humana que revele una búsqueda trascendente, y ésta aparece cada vez que la actividad del hombre se manifiesta en el sentido del conocimiento o la creación.

Cuando la necesidad de trascender toma el sentido del conocimiento, lo maravilloso penetra en el marco de la ciencia. El aparente predominio de lo racional en la ciencia moderna, el menosprecio que ésta manifiesta hacia los factores irracionales de conocimienti sugieren la idea errónea de que lo maravilloso queda excluído de sus dominios. Es un error; ya Pierre Mabille (8) hizo resaltar la combinación de maravilloso e imaginación exaltada que revelan las hipótesis científicas.

En las matemáticas es donde aparece más claro el proceso de lo maravilloso. Basta recordar el pensamiento de los matemáticos para comprobarlo. Dedekind definió a ños números como libres creaciones del espíritu humano y para Cantor la esencia de las matemáticas es la libertad. El pensamiento lúcido de Novalis se anticipó a estas revelaciones cuando exclamó: “El álgebra es la poesía”.

Las matemáticas modernas, desde Cantor, han demostrado un predominio de la imaginación que parecería alejarlas de la realidad. El paseo de Cantor por el infinito, las teorías de los números irracionales e imaginarios parecen expresar la fuga del mundo concreto; sin embargo, nada ha hecho avanzar con más velocidad la ciencia que la fantasía de los matemáticos. De instrumento práctico, de medida del mundo convencional, las matemáticas se han convertido en vehículo hacia lo desconocido y en símbolo de lo maravilloso.

Además de la exploración de lo desconocido, las matemáticas han demostrado poseer el secreto de la belleza: la diagramación de las fórmulas algebraicas efectuadas entre otros por François Le Lionnais (9) han producido formas de sorprendente belleza que igualan o superan las fantasías abstractas de los artistas modernos.

Cuando la necesidad de trascender toma el camino de la creación surge el arte, donde lo maravilloso ha encontrado siempre refugio seguro, donde se expresa directamente y en su máxima pureza. Ha sido especialmente y desde antiguo la literatura la que más ha utilizado el procedimiento de lo maravilloso. La poesía ofrece las máximas posibilidades de expresión, al encontrar en la imagen un instrumento de riqueza inagotable.

Las artes plásticas han ido liberándose de su encadenamiento al mundo convencional hasta llegar, en la pintura moderna, a demostrar posibilidades de expresión de lo maravilloso equiparables a las de la poesía.

En el pensamiento especulativo se combinan conocimiento y creación; la doctrina filosófica que expresa lo maravilloso es el monismo dialéctico, en el cual aparece a plena luz la corriente filosófica que inspiró el pensamiento hermético de la magia, sintetizado en el concepto de la triunidad (emanación de la unidad en los opuestos y síntesis con retorno a la unidad). El monismo de Spinoza y la dialéctica, que evoluciona desde Heráclito, Platón, pasando por Nicolás de Cusa, Giordano Bruno hasta alcanzar en Hegel su pleno desarrollo, han formado esta corriente moderna de especulación que contiene plenamente lo maravilloso al revelar la unidad del cosmos y el misterio de las transformaciones.

En lo social el impulso de lo maravilloso ha conducido primero a los ensueños de los utopistas: Platón, Tomás Moro, Campanella, Saint-Simon, Fourier. La aplicación del método dialéctico ha revelado a Marx el secreto de la historia y la evolución del hombre como ente social. Hoy el socialismo científico condensa y polariza todos los esfuerzos de lo maravilloso hacia un mundo mejor.

El vivir maravilloso

En la extraña frase de Píndaro, “La vida es sólo el sueño de una sombra”, se expresa de modo magnífico, todo lo que la vida promete y no se cumple. La vida resulta así una permanente frustración y no depende esto de su fugacidad, pues el tiempo es fugaz en cuanto ningún tiempo alcanza para que el hombre se realice. Lo maravilloso nos impulsa a que la vida sea un sueño que se concrete.

El margen para lo maravilloso que da el mundo convencional es el amor y éste constituye el centro de acción de lo maravilloso en la vida: he aquí que surge de la gran sombra infinita y avanza la mujer. En sus ojos brilla el misterio condensado; a su paso todo vibra y el espacio sufre la congoja insoportable de la expectación; de pronto, todo lo que vibra se suspende en un instante intemporal y el día se vacía de luz para darle paso. Ahora está al alcance de mi mano y miles de puertas se abren sigilosamente; la expectación deja de ser la dulzura imperiosa y se oye el rumor del gran torrente que avanza sin interrupción para terminar en el supremo derrumbamiento: el derrumbamiento diáfano.

Así se produce la transformación de la amada por obra del trascender maravilloso del amante. Esta es una trascendencia cuya más alta expresión se encuentra en los místicos y nadie la reveló con tanta perfección como Juan de la Cruz, ese gran místico del amor, en su “Noche oscura”:

¡Oh noche, que juntaste

Amado con amada,

Amada en el amado transformada!

En donde la combinación de la noche -que obtiene el aniquilamiento del mundo exterior- y la enajenación de los sentidos (fenómeno que comparten el místico y el amante) logran la fusión del ser trascendido y del objeto amado que cumple la síntesis de lo maravilloso. Este mismo trascender del sujeto en lo real es la razón también del artista.

El vivir maravilloso exige la negación de lo cotidiano convencional, la rebelión ante la sordidez de la vida corriente; lanza al hombre en todas las aventuras, lo impulsa a lo desconocido, a la búsqueda del riesgo y del peligro. Se revela en el revolucionario político, en el heterodoxo religioso, en el disconforme de toda índole. En la literatura, el aspecto negador encuentra sus dos grandes representantes en Lautréamont y Kafka y más recientemente en Henry Miller y Antonin Artaud. A ellos se suman todas las voces negadoras que revelan su agresividad combativa, su ataque directo a la realidad convencional.

El vivir maravilloso exige una sola condición: la libertad de trascender, el respeto por la aspiración hacia sus moldes infinitos, la comprensión de que su esencia es constante renovación. La fuga de la realidad no es sino fuga de los esquemas muertos. La fuga de la vida es tan sólo fuga de la vida horrenda, sórdida, hacia la existencia plena, hacia la realización del destino humano. En el vivir maravilloso se cumplen las tres condiciones de la vida en su triple aspecto ético, estético y fáctico.

(*) Ensayo aparecido en «Ciclo» nº 2.   Buenos Aires, marzo-abril 1949   (págs. 51-70). Se anuncia en este número una continuación del artículo, pero eso no llegó a suceder al interrumpirse la publicación de la revista.

(1) Espinosa en su Ética (Parte II, definición VI) expresa: “Por realidad y por perfección entiendo la misma cosa”.

(2) El análisis del problema de la realidad superaría los límites de este trabajo y será estudiado con más detención en mis próximos “Ensayos sobre lo real”.

(3) Schelling: La liberté humaine (Trad. francesa de Georges Politzer. París, 1926. Rieder).

(4) Emile Borel: El azar (Trad. española en Ediciones del Tridente. Bs. As. 1945).

(5) Pierre Mabille: “Le miroir du merveilleux” (Sagittaire, París, 1940).

(6) Ver en Hesíodo (Teogonía) y en Ovidio (“Las Metamorfosis”, Libro 1º) cómo nacieron las cosas al diferenciarse en el seno de una primera sustancia indiferenciada: el caos.

(7) Ver Víctor Magnien: “Les Mystères d’Eleusis (Payot, París, 1938).

(8) Pierre Mabille: Ibídem.

(9) Ver François Le Lionnais: “La beauté en mathemátiques”. Les Grands Courants de la Pensée Mathemátique. Cahiers du Sud. 1948.

Sobre la poesía Órfica

ar24bajaCuando me dan un libro de poemas recién aparecido en Buenos Aires, lo primero que hago es buscar la página donde figura Orfeo. La insistencia con que el popular guitarrista es invocado por nuestros vates me hace sospechar que todo un sector de la literatura argentina está finculado estrechamente con la literatura órfica, la cual, según L. Laurand, “tiene cierto interés para la historia religiosa de Grecia, pero casi ningún valor literario” (1).

Es obvio señalar que, de utilizarse la fórmula citada para calificar la poesía órfica nacional, debe modificársela así: “No tiene interés para la poesía religiosa de Grecia”.

Cualquier lector que haya llegado hasta la página 31 de “Los Nombres”, libro de Silvina Ocampo publicado por Emecé, coincidirá conmigo en que Silvina Ocampo es órfica, pues dice allí:

El Minotauro, Orfeo, las vírgenes en [duelo

Basta la mención de Orfeo para que una obra pueda ser adscripta a la literatura órfica: “Llevan el nombre de órficas porque el legendario Orfeo se supone ser autor o en ellas desempeña papel ” (2).

Antes de continuar hablando de “Los Nombres”, reclamo se tenga en cuenta mi absoluta primacía en el descubrimiento de la literatura órfica argentina. Además, como propietario de la idea, y habiendo escalera, no me responsabilizo por ningún accidente que en lo sucesivo pueda originar el descenso de Orfeo a los infiernos de nuestra lírica.

UN LIBRO EXTRANJERIZANTE

De los 80 nombres propios que cita la autora en las 103 páginas de texto de su libro (3), sólo 8 son argentinos, y eso que cuento al océano Atlántico entre los nuestros, ya que de alguna manera nos toca. Esto nos da apenas un 10% de menciones nacionales. El complementario 90% permite calificar a Silvina Ocampo de extranjerizante.

La autora nombra a Ulises y a Cristóbal Colón, pero no dice ni pío sobre Vito Dumas. Recuerda a Meleagro y olvida a Frida Schultz de Mantovani. Habla de las Islas Niponas, y de las nuestras no cita ni a la isla Maciel. Ubica en el mapa a Los Apeninos, y se deja en el tintero a los Andes, que son mucho más altos. Para Esquilo chapeau bas y a Vacarezza ni buenos días. Muchas reverencias al Minotauro y ni un accésit para el Gran Campeón Shorthon del año pasado.

Todo esto es muy lamentable.

REPAROS DE FONDO

Si la autora escribiera pasablemente le perdonaríamos esa manía suya por lo forastero. Pero escribe muy mal. Sus endecasílabos son durísimos, los acentos del verso vacilan, se entrechocan con los de las palabras, la gaita gallega suelta su muñeira en mitad de un canto órfico, y uno tiene que leer ciertos versos a velocidad vertiginosa para ganarles de mano a las sílabas intrusas, que pugnan por insinuarse mientras las once titulares corean: “¡A la cola! ¡A la cola!”

Véase si no:

Cuando duermen bajo el ala de las [hojas

Este dodecasílabo aparece perdido como el patito feo entre una bandada de endecasílabos del poema “En la ceniza”, página 37. Y en “Las Hojas”, página 19:

La sonoridad amorfa de los timbres

Doce sílabas, por más vueltas que le demos, y sílabas de entrecasa, que no constituyen verso dada la ausencia de los acentos reglamentarios. Salvo que sea un endecasílabo hermético, y que la autora nos proponga, como licencia poética, la retrocesión del acento y la eliminación de la “d” final de “sonoridad” (= sonorida [d]). En tal caso pronunciaríamos el verso de este modo:

La soronida amorfa de los timbres

El sonido un tanto extraño que cobraría no debe atemorizarnos. El procedimiento es legítimo, y está abonado por las poéticas que más han contribuído a la formación de nuestra cultura (4):

Neu pudeat prisco vos esse e stipite [factos (5)

Dice Tibulo en sus “Elegías”. Y el verso, al ser escandido, sufre la elisión de la preposición “e”. En cuanto a la traslación del acento, veamos cómo suena el verso en la recitación:

Néu pudeát priscó vos ésse stípite [fáctos

Se ve que “pudeat”, esdrújulo en prosa y en la conversación, se convierte en “pudeát” al ubicarse dentro del molde del hexámetro. Lo mismo sucede con “prisco”, que es menester acentuar “priscó”.

Otro hexámetro, esta vez anónimo:

De todas maneras, no creo que “la sonorida amorfa de los timbres” suene bien a los oídos de Silvina Ocampo, aunque es un verso que César Bruto firmaría complacido (7). Hago sin embargo la disquisición greco-latina pues existe alguna posibilidad de que nuestra órfica poetisa haya fundido ese misterioso verso en los cánones de la poética mediterránea. De ser ello verdad, la acusación de que le sobra una sílaba resultaría injusta.

Tal vez Silvina Ocampo alcanzaría mayor exactitud métrica si escribiera cancioncillas en hexasílabos u octosílabos. Pero se encarama en los versos de arte mayor y fatalmente le sucede como a las mujeres que se ponen tacos altos por primera vez: anda chueca.

Siguen los ejemplos, con un desafío a leer como endecasílabo este renglón de la página 12:

Era amarillo, era verde, era violeta,

Imposible, ¿verdad? Claro, el exceso de equipaje ya pasa de lo disimulable. Se ve que la autora tenía en la cabeza el conocido tango:

Adiós, muchachos, compañeros de mi [vida

Y el ritmo de esas 13 sílabas se le metió en el corazón.

En la página 31 -precisamente donde sale Orfeo y saluda al público-, sorprendemos un alejandrino que debería hacer régimen para rebajar de sílabas:

Y que la oscuridad pánica que vibra en sus reflejos

Quitando “pánica” restituimos el verso a su cuento normal:

Y que la oscuridad que vibra en sus [reflejos

Dar sílabas de menos es agio, pero lo contrario conduce a la descapitalización poética.

Volvamos al poema “Las Hojas”, que me ofrece numerosos puntos de apoyo para demostrar mi dominio de la preceptiva. Por ahí dice:

Algunas me besaban lentamente

Mostrando sus perfiles diferentes;

Esto no puede ser. El poema está escrito en endecasílabos blancos, ¿sí o no? ¿Sí? Entonces, ¿para qué rimamos?

Otro locus classicus del mismo poema:

No sé si fue en la noche o en el día

que oí sus voces con estrías

pero sé que me hablaron y recuerdo

que no fue en sueños que las escuché

Este trozo selecto se podría arreglar un poco, extrayendo sin dolor la rima y esos “que” tan afrancesados, y corrigiendo el ritmo del cuarto verso. Bastaría con intercambiar los verbos “oí” y “escuché”, además de otra pequeña modificación. Apréciese mi labor de remoldeamiento:

No sé si fue en la noche o en el día

Cuando escuché sus voces estrïadas,

Pero sé que me hablaron y recuerdo

Que no dormía cuando las oí.

Si no place “estrïadas”, por la diéresis un tanto demasiadamente clásica, se puede poner “con ranuras”, que viene a ser casi lo mismo, para lo que importa. La autora tiene derecho a protestar porque convierto el segundo verso de eneasílabo en endecasílabo. Lo admito. Pero me parece que así queda mejor.

Es una lástima que el libro ya se haya publicado, pues con buena voluntad podrían haberse subsanado muchas deficiencias.

Como remate de este parágrafo, precisa consignar que Silvina Ocampo no ignora su falta de disposición para los ejercicios a que se entrega. En la página 9 nos lo advierte:

Cuántas veces oí la misma música

(en la lámpara gris de kerosén

o en el agua del grifo gota a gota

en el silencio cuando es muy perfecto)

que no escribí porque no escribo [música;

Saber que escribe de oído y que lo tiene duro mitiga un poco nuestros reparos de fondo.

LA ESTÉTICA DEL ABURRIMIENTO

En el poema inicial del libro Silvina Ocampo nos comunica que ya ha dicho demasiadas veces las mismas cosas:

Cuántas veces, ah demasiadas veces

tratando de evitar algunos versos

y palabras que tanto he desgastado

Magníficas razones para resolverse a decir algo diferente. Pero la autora no desemboca por ese lado. Al contrario, afirma su propósito de continuar en la tarea:

para volver a repetir de nuevo

lo que jamás repetiré bastante

siempre lo mismo que será distinto.

¿Distinta tipografía, distinto editor, distintos gazapos métricos? Con todo, no confiemos demasiado en esa afirmación del último verso. Hacia el fin del libro, página 98, reitera Silvina Ocampo su profesión de fe en la monotonía infinita:

No fue el presentimiento que más [tarde

hallaría que iguales son los versos

de ayer, de hoy, de mañana y que el [alarde

de citar nombres propios, entre [cierzos,

dédalos, tigres, rosas o el abismo

son formas de decir siempre lo mismo .

Silvina Ocampo cree de veras en ese mandato del destino que la impele a mascullar eviternamente lo que viene siendo mascullado desde hace algunas centurias. En esa obstinada, más aún, obsesiva insistencia que es su norte estético, encuentra sin duda su acceso a las profundidades del ser, con toda la magia que encierran, incluso la milagrosa transfiguración de lo cotidiano:

cuántas veces, ineludiblemente

traté de dar color a esos racimos

con aguarrás o con pintura verde

Así demuestra que la perseverancia en la rumia conduce a cierto plano místico donde el aguarrás y la pintura verde dejan de ser percibidos como distintos e intercambian su eficacia práctica.

Puesta a ejercitar su credo, Silvina Ocampo testimonia a lo largo de todo el libro una coherencia diamantina. En “El Secreto” (a), nos cuenta que en otros tiempos solía arrojar piedras, ramas y largos alaridos al fondo de un aljibe. En “Las Hojas” habla de las hojas. En “Elogios y Lamentos del Verano” se queja del calor. En “La Visión” refiere que una vez la miró un caballo. En “Diálogo” nos dá una muestra del más puro estilo de conversación, según el método Ollendorf para la enseñanza de idiomas:

Te hablaba del jarrón azul de loza,

de un libro que me habían regalado,

de las Islas Niponas, de un ahorcado,

te hablaba, qué sé yo, de cualquier [cosa.

Me hablabas de los pampas grass con [plumas,

de un pueblo donde no quedaba gente,

de las vías cruzadas por un puente,

de la crueldad de los que matan pumas .

Toda esta animada conversación, que se extiende durante diciséis versos más, podría traducirse, con cierta economía de lenguaje y en beneficio de la precisión, por el siguiente giro:

Hablábamos de bueyes perdidos.

Si fuera necesario convertirlo en un endecasílabo, bastaría con adosarle un retazo cualquiera de otro verso demasiado largo. Pero semejante concisión iría contra la estética de Silvina Ocampo: el aburrimiento. Por el aburrimiento se asciende a la sabiduría. Este parece ser el lema de la órfica nacional.

Sivina Ocampo lo confirma una vez más cuando titula “Anáforas” (repeticiones retóricas), los poemas que imprime en la página 41 de “Los Nombres”, y cuando dice (“Oración”, página 85):

Si algún día advirtieras que he perdido

la anafórica voz que da el amor

prometo que tu pánico furor

me ultimará a la entrada de ese olvido;

Este conmovedor pasaje demuestra que para Silvina Ocampo la vida, sin anáforas, carece de sentido. Está dispuesta a recibir la muerte en el mismo instante en que se le ocurra un pensamiento inédito, una imagen sin precedentes.

¿SE JUBILA ORFEO?

Si mi análisis no yerra al caracterizar a la órfica nacional como un ejercicio obsesivo del aburrimiento, es preciso admitir que Silvina Ocampo representa el pináculo de tal actitud estética. Adviértase: no solo por su adhesión literaria a esa actitud, sino, y esto es lo más importante, porque responde de ella con su propia vida .

Pero, ¡oh fatum !, la literatura órfica, como todo proceso cultural, trae injertada en su culminación la inminente decadencia. Sus culores presienten el tambaleo que se les viene. Incluso la propia Silvina Ocampo, figura impar del movimiento . En el primero de los “Sonetos en las líneas de una mano”, página 81 de “Los Nombres”, leemos:

si todo lo que intento es mero ensayo

será porque he vivido de mentiras

Esa lucidez profética, absolutamente sibilina, confirma mi aserto de que la órfica criolla ha escalado ya el Aconcagua prometido. Su protagonista más egregia adivina con terror la otra ladera, el camino del despeño.

Orfeo se jubila.

(*) Publicado, en «Letra y Línea» nº 4.   Buenos Aires, julio de 1954   (pág. 10).

(1) Manual de Estudios Griegos y Latinos, fascículo II, Literatura Griega, pág. 284 (Madrid, Daniel Jorro Editor, 23, Calle de la Paz, 23, 1921. Traducido de la segunda edición por Domingo Vaca).

(2) Loc. cit. El segundo subrayado es mío.

(3) Damos la lista por orden alfabético:

Abdera, Abraham, Adriano, Alción, Almagro, Amazonas, América, Andrómeda, Apeninos, Argentina, Arquímedes, Ascletarión, Asia, Atlántico, Atropos, Biblia, Bizancio, Caín, Casandra, Cefiso, Cornelio Agripa, Cristóbal Colón, Cruz, San Juan de la; China, la; Daniel, Danubio, Demócrito, Diana, Dioscuros, los; Eneas, Egipto, Esquilo, Europa, Filomena, Gomorra, Grecia, Hamlet, Hipaso, Isabel la Católica, Isolda, Italia, Job, Leda, Marte, Mediterráneo, Ménades, las; Meleagro, Minotauro, Narciso, Nevsky, Alejandro (la película); Niponas, las islas; Nilo, Ocrisia, Okinamaro,Orfeo, Orinoco, Palinuro, Paraíso, Paraná, el; Plata, río de la; Protágoras, Rin, Ródano, Roma, San Isidro, San Fernando, Sena, Silvina, Sodoma, Támesis, Tarquino el Antiguo, Tíber, Tibet, Tirreno, Tracia, Trasimeno, Tristán, Ulises, Venus, Virginia.

(4) Aparte de las Academias Pitman, por supuesto.

(5) “No os avergüence haber sido hechos con un leño antiguo”.

(6) “Habiendo bebido mucho y comido mucho y dicho mucho mal…” (Del epitafio de Timocreón el Rodio).

(7) Cfr. El artículo “Mienbro de lacademiA de letrA”, en “Lo que me gustaría ser a mí si no fuera lo que soy”, pág. 63.

“Las personas que están sentadas conmigo a la mesa…”

15oLas personas que están sentadas conmigo a la mesa son las que viven habitualmente en la propiedad rural de mi tío L… Comemos un excelente omelette preparado por mi hermano A… Entra un cura, un cura de campaña, cuya negrura me causa un insoportable malestar. Nos enteramos de la muerte de alguien. Como es natural, todos los invitados se levantan inmediatamente de la mesa y pasan a una habitación contigua para comer otro omelette más cocido. Aprovecho para agasajarme sobrepticiamente con los restos del omelette prohibido, regocijándome con el pensamiento de que podría además comer mi parte del segundo omelette, que ciertamente me estaba reservada. Por desgracia, cuando me presento a la mesa, me percato de que no se me había reservado más que una minúscula porción, de lo que me consuelo fácilmente porque este omelette está verdaderamente mucho más cocido…

……………………………………………………

El vehículo con el cual me paseo en compañía de S… nos conduce hacia la pista de patinaje, una especie de recinto oval semejante, a un mismo tiempo, a un velódromo y a las fortificaciones de Vauban. Durante el camino, nos cruzamos con grupos de patinadores que disputan carreras; hay corredores de velocidad, que avanzan a grandes zancadas, corredores de fondo que pedalean sobre bicicletas con patines. Arribamos a la pista justo para asistir a la llegada de una prueba. Tres participantes llegan casi juntos con el último viraje. Se encuentran montados sobre unos curiosos vehículos construidos hacia lo alto, accionados por una manivela a la que se imprime un movimiento de vaivén hacia atrás y hacia adelante. La meta está marcada por un puente de albañilería que debe traspasar el vencedor. Ahora bien, apenas éste lo alcanza, el puente se desploma estrepitosamente, levantando una enorme nube de polvo. Una vez disipada esta nube, podemos ver que los dos participantes vencidos se han detenido justo a tiempo para evitar la caída en el abismo que se abre a sus pies.

Este accidente ha tenido, entre otras desagradables consecuencias, la de cortar por el medio el interminable tren de carga que debía permitirnos proseguir nuestro camino. Se decide, sin embargo, continuar la ruta, pero, por precaución, se recomienda a los viajeros apoyarse con las manos en el cerco que bordea las vías o en los vagones cargados de piedra y carbón estacionados en las vías contiguas, lo que produce mucho daño en las palmas de las manos y en los dedos.

……………………………………………………

El tren se aproxima a la terminal. Se encamina por un largo y estrecho corredor cuyo entarimado ha sido encerado meticulosamente y cuyas altas paredes han sido hechas de una hermosa madera amarilla y brillante. En seguida, hacia la derecha, la vía avanza en dirección de una ciudad, mientras que hacia la izquierda se abre en una serie de amplias sillas de coro, construidas con el mismo gusto que el corredor, separadas unas de otras sólo por un tabique y tapizadas de arriba abajo como por unos estantes de biblioteca, cargados de un número incalculable de volúmenes. En cada silla, el tren hace un alto y todos los viajeros descienden para buscar un libro, uno solo, que ellos no encuentran de todos modos. Esta operación debe ser de gran importancia a juzgar por la actividad febril que despliegan mis compañeros de ruta. Por lo demás, yo mismo me pongo a buscar, sin saber demasiado qué es lo que se debe encontrar.

……………………………………………………

En una de estas paradas, soy persuadido de entrar en los W.C., donde encuentro algunos paquetes envueltos en celofán, aparententemente sin importancia. Sin embargo, consulto a las personas presentes antes de tirarlos y había hecho bien en tomarlos, porque S… me hace notar que estos paquetes contienen dibujos. Y en efecto, descubro estupefacto una gran variedad de dibujos ejecutados por mí en diferentes épocas de mi vida, así como un libro dedicado por Paul Eluard, toda clase de cosas que unos días antes había perdido. Por lo demás, no he podido llegar a fijar en mi mente el título del libro, en todo semejante a una gramática para niños, que me obstino en denominar «Immortelle maladie» (1) a pesar de las amonestaciones de Eluard.

……………………………………………………

Una vez que hube descendido del tren, me dí cuenta que mis compañeros de viaje no eran otros que mis antiguos compañeros de regimiento, y que en suma no habíamos llegado hasta aquí más que para hacer ejercicios. Entonces tomamos nuestros fusiles, con la vaga esperanza de encontrar en un instante aquello que buscábamos. S… siempre está conmigo, pero cada vez que las necesidades militares pasan a un primer plano, por ejemplo durante las retretas, ella es reemplazada por René Crevel, cuya persona a su vez desaparece cuando llega la hora del reposo. Entonces se hace presente el lugarteniente Flory, del 104º regimiento de infantería, un corso de cerebro exiguo bajo cuyas órdenes hago mi servicio militar, y de quien no he podido pensar desde entonces sin experimentar repugnancia. Desde ese momento siento que ya no me puedo dar cuenta de nada, que no llegaré a sacar de mi fusil el partido que esperaba sacar y el sueño concluye en el colmo de mi indignación.

“2 de enero de 1928…”

12o2 de enero de 1928, doce y media del mediodía. – Habiéndome despertado por la mañana, me ocupé de varios asuntos, y luego, tranquilamente, me volví a acostar; tomé una dosis de efedrina y, pienso que he vuelto a dormirme hacia las doce menos cuarto.

*

A punto de dejar la casa de la rue de Château, o más precisamente un lugar que representaba esta casa pero sin tener semejanza física alguna con ella sino más bien la apariencia de un bistrot , efectivamente tuve la sensación de encontrarme borracho. Sin embargo, había comido moderadamente y bebido poco. Jacques y Simone Prévert, y otros visitantes, se disponían a acompañarme y yo traté de demostrarles compostura. Simone aguardaba ya en la calle; debía tener algún problema en un pie, porque en el pie derecho llevaba una snowboot[bota para la nieve] y en el pie izquierdo a veces una pantufla y a veces un calzado con tacón estilo Luis XV; pero lo que sobre todo le daba una apariencia extravagante, era que estos dos calzados medían al menos diez veces más que su talla normal y le cubrían la pierna hasta la rodilla.

Habiendo sentido sed, tomé dos botellas de cerveza; una se hallaba casi vacía; en la otra, casi llena, había caído una especie de impureza. Traté   de transvasarlas. Pero la poca seguridad de mis movimientos hacía imposible la operación. Traté de ayudarme con la botella semivacía que estaba apoyada en el mostrador. No sabría decir cuánto tiempo duraron los esfuerzos verdaderamente desesperados que llevé a cabo, para verter el líquido de uno de los recipientes al otro, por medio de múltiples y prodigiosamente ingeniosas combinaciones. En un par de ocasiones llegué a colmar de contenido a la semivacía, pero en el último momento, ya sea que uno de mis pies se resbalara en la cerveza derramada sobre el piso, o que me encontrara ebrio hasta el punto de no poder mantenerme en equilibrio, todo se iba a pique y había que recomenzar. Mi situación había llegado a ser positivamente intolerable a causa de la imposibilidad desesperante, y pese a todo incomprensible, en que me hallaba de realizar mis objetivos, pero asimismo a causa del temor que experimentaba de que mis amigos reparasen en mi estado y me hiciesen alguna observación. Tuve la idea de que tal vez estaba soñando. Hice un esfuerzo violento, contraje mis músculos, traté de detener la huída de las imágenes y de fijar mi atención, y finalmente los objetos que amueblaban mi cuarto comenzaron a aparecérseme como surgidos de una neblina, y me desperté.

*

Me encontraba bañado de sudor y en un gran estado de agitación. Arrojando mis frazadas, hice esta observación a viva voz: «¡De modo que hace un calor insoportable en este cuarto! ¡Es algo completamente estúpido!». Me sorprendió encontrar una pipa entre mis dientes, porque no recordaba haber estado fumando cuando me dormí.

Por otra parte, no recordaba haber fumado desde hacía tres o cuatro días, y al examinar esta pipa, no la reconocí como de mi pertenencia. Perplejo, abandoné por un instante el esclarecimiento de este misterio. Observé la hora en el reloj que colgaba de la cabecera de mi cama: tres menos cuarto. «He dormido bien», pensé. Estaba contento de haberme librado de mi pesadilla. Pero, incomodado por el calor, estiré lentamente mis miembros adormecidos y ya me decidía penosamente a levantarme, en piyama, para entreabrir la ventana. Tuve la sorpresa de encontrarla completamente abierta. De pronto, ya no comprendí más nada. Y sin embargo, como hacía frío afuera, cerré la ventana. Y comencé a experimentar un terror abominable al constatar que mi cuarto ya no tenía, como antes, una ventana, sino ciertamente dos, que por añadidura no era mi cuarto y que en los muebles se encontraban objetos que tenía la sensación de haber visto en otra época, especialmente en el cuarto de mis padres cuando era niño. Luego fui asaltado por una incapacidad total para moverme de manera coordinada, titubeaba, mi cabeza daba vueltas como hacía poco en el bistrot . Me lamentaba de no haber podido sustraerme de aquél sitio nada más que para venir a caer nuevamente en estos enredos. Avisté sobre una mesa algo así como un estuche de tocador que había pertenecido a mi madre y que ciertamente no se encontraba en su lugar adecuado. De rabia, me precipité hacia él para destrozarlo. Pero me frené con desesperación sintiendo que ya ningún gesto me era permitido, que ya no sabía en qué universo estaba viviendo, que tal vez si hubiese arrojado al suelo ese objeto, no se hubiese roto, y que todo lo que hubiese podido hacer contribuiría a mi confusión y mi tormento. Incapaz de mantenerme en pie, me dejé caer al suelo, con los miembros retorcidos, gesticulando y llorando. Aún me quedó el coraje de la desesperación para intentar el mismo esfuerzo gracias al cual, poco tiempo atrás, pude superar una situación igualmente mala. Esto me salvó nuevamente.

La manchas negras sobre fondo rojo y dorado del empapelado de mi cuarto comenzaron de pronto a aparecérseme en medio de una niebla y permanecí un largo rato contemplándolas aliviado. Luego me sacudí un poco para no dejarlas escapar.

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Descansaba tranquilo sobre el lado derecho, tal como me había quedado dormido, con una agradable languidez en mis piernas, semejante a   la que me produce habitualmente la efedrina . La temperatura del cuarto era placentera. Mi reloj en mi cabecera no llegaba a marcar las doce y media.